Hace aproximadamente un año, leí el ensayo de La Amistad (1942), de Simone Weil, mientras vivía en Madrid. Me acuerdo perfectamente de la librería en la que lo compré y el libro lo devoré en apenas 48 horas. Una lectura que me despertó nuevas sensaciones y me hizo reflexionar mucho sobre el concepto de la propia “amistad”, y cómo lo abordo y lo acojo desde mi propia perspectiva personal en mis amistades y mi entorno. Un manual que me acompañó en una época trascendental en la que claramente lo necesitaba.

Siempre que me toca escribir para esta sección pienso que no debería hacerlo o que debería cambiarle el nombre. Como ya dije en el post anterior: “si vamos a hablar de ‘guilty pleasures’, al menos hagámoslo desde la contradicción consciente: sabiendo que, en el fondo, no deberían existir.” Y sigo pensando lo mismo. Pero bueno, es un tema para otro día.