TRESOR: Resignificar el club y los nuevos códigos de la fiesta

¿Cómo reaccionamos cuando el club pasa a habitar los Museos? ¿Entramos en una desconfiguración de todos los códigos que tenemos asociados a la fiesta? La palabra TRESOR, del latín thesaurus, y este del griego θησαυρός thēsaurós, está asociada, entre otras más definiciones, a un conjunto de valores, personas u objetos preciosos, reunidos y guardados. ¿Y qué papel tiene un Museo? Guardar, mostrar y dar sentido a objetos valiosos. ¿Será casualidad esta correlación?

4/19/2026

TRESOR: Resignificar el club y los nuevos códigos de la fiesta

Texto: Luis De Gouveia Sousa y Joana Fornós

Fotos: Archivo de Club Deseo TRESOR Abril 2026

¿Cómo reaccionamos cuando el club pasa a habitar los museos?
¿Entramos en una desconfiguración de todos los códigos que tenemos asociados a la fiesta?

La palabra TRESOR, del latín thesaurus, y este del griego θησαυρός thēsaurós, está asociada, entre otras definiciones, a un conjunto de valores, personas u objetos preciosos, reunidos y guardados. ¿Y qué papel tienen los museos? Guardar, mostrar y dar sentido a objetos valiosos. ¿Será casualidad esta correlación?

Salir del formato club y descentralizar la fiesta para anteponer y habitar una experiencia lumínica, sonora y performática dentro de un museo como es el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), es algo admirable y que da mucho para pensar en las múltiples formas y modos en que podemos resignificar la propia escena de la música electrónica underground de la Ciudad Condal. Porque la escena se puede transformar, moldear y esparcir, como el agua.

Sin lugar a dudas, después de dos años desde su nacimiento, TRESOR ha pasado a ser una de las propuestas más estimulantes y disruptivas que aguarda la ciudad, y cada edición se siente como el propio nombre indica: un tesoro escondido de propuestas artísticas y musicales que los cimientos de Barcelona esconden. Un espacio para descubrir, para dejarse sorprender.

En este sentido, este tipo de propuestas no resultan ajenas. En el pasado ya se ha tenido la oportunidad de reflexionar sobre la relación entre museo y club, a raíz de haber asistido a múltiples eventos de este tipo, y es una fórmula que siempre ha parecido especialmente estimulante. Hay algo en ese desplazamiento (en sacar la pista de baile de su hábitat natural) que abre nuevas formas de percibir tanto la música como el espacio.

Quizá por eso TRESOR se siente como un auténtico breath of fresh air dentro del contexto barcelonés. Durante el evento, y también después, se escucharon comentarios del tipo “está bien, pero…”. Y aunque la crítica es válida, también es importante situar la propuesta en su contexto: estamos hablando de una institución cultural que decide abrirse, ceder su espacio y permitir que, por unas horas, el museo se transforme en club.

No es un gesto menor. Es una transición, un experimento, un primer paso. Una curaduría musical cuidada, performances, una experiencia que va más allá del formato tradicional de fiesta. En ese sentido, Barcelona no solo dialoga con su propia escena, sino que se alinea con otras ciudades que ya están explorando estos cruces. Apoyar este tipo de iniciativas es, en el fondo, apostar por una escena más abierta, más híbrida y con mayor capacidad de reinventarse.

Como si de un mapa del tesoro se tratara, el ciclo de fiestas curado y programado por la artista sonora y performer Meritxell de Soto, llegó este pasado viernes 10 de abril a su quinta edición, y lo hizo convirtiendo el CCCB, una vez más, en un pequeño oasis donde la luz parecía que le tenía envidia a la oscuridad contenida, en donde una se podía sentir exageradamente cómoda. Pero olvídate de todo lo que puedes hacer en el club; aquí estamos en un museo, así que las los zapatos con los que entras y las habitaciones en las que te puedes esconder son diferentes, ya sabes.

Un bosque de metal creado por el colectivo de iluminación Oscila puso el foco en los decks para realzar las máquinas manipuladas por las exquisitas manos del line-up que pasaron por ellas: Djs como 8Kitoo, Muna Khaled b2b Akazie y Miramizu b2b JASSS. Para sorpresa e innovación, el colectivo Me Siento Extraña comisarió un espacio dedicado al “pole dance”, donde se celebró un show para dejarte boquiabierta con las bailarinxs Magnett y Sara Brown. El cuerpo, desde las barras del baile, acompañó toda la experiencia: no solo como herramienta de baile, sino como lenguaje político y estético.

No podía faltar el colectivo de Safe Amorx, con el objetivo de crear un espacio de ocio más seguro para todes, a partir de la concienciación y la corresponsabilidad, teniendo cuidado del espacio que se ocupa y que se habite con amabilidad y cuidando al resto de personas con las que se cohabita.

La apertura del encuentro la dio ni más ni menos que el granadino 8Kitoo, donde se pudieron escuchar desde guitarras folkies y rockeras hasta llegar a transicionar a dubs deliciosos, que iban acompañando  los movimientos y torsos de las pole dancers. Ver en directo a 8kitoo es abrirse en canal y dejarse llevar, es entrar en un universo sonoro en donde a una le sale una sonrisa y literalmente acabas pensando: ¿Cómo puede hacer estas múltiples mezclas de géneros? 8kitoo viene a darle la vuelta a la tortilla las veces que haga falta, te conecta con la incomodidad y pone encima de la mesa una propuesta con la que una se va a casa totalmente en una nube deconstruida.

La musicalidad siguió con este combo de ensueño: Muna Khaled b2b Akazie. Una mezcla austríaco-egipcio-gallega perfecta, en donde los sonidos rotos y los graves lentos, así como los ritmos sincopados, marcaron uno de los sets más hots del ecosistema en donde estábamos sumergidas. Aparte, la energía y química que transmitieron era entrañable.

Para finalizar, el encuentro lo cerraron Miramizu b2b JASSS, un cara a cara muy singular e interesante, en donde la mezcla ecléctica de los ritmos y el flow tan característico que entregó la jordana Miramizu, junto con el mix intenso y “avant-garde” de la asturiana JASSS, dio lugar a un set muy hipnótico y fuera de lo común.

En Barcelona están pasando muchas cosas todo el tiempo, y eso las personas que vivimos en ella y estamos dentro de la escena lo sabemos y lo vivimos. Se siente como un caldo de cultivo y una olla a presión al mismo tiempo. ¿Pero hacia qué lugar se está moviendo la escena? ¿Estamos en un momento de metamorfosis?

En un estado tan dulce y agrio para la comunidad como el que estamos atravesando, con una falta de espacios alternativos y propuestas innovadoras, TRESOR es una fórmula totalmente única que viene a poner luz para visibilizar, mostrar y compartir una experiencia casi 360 con un público muy variado, que está abierto a recibir el certamen de la manera más open-mind posible.

Ojalá entendamos, dentro de la comunidad y la escena, que este tipo de promesas pueden expandir el arte y la manera en cómo lo entendemos. Como una masa que se estira, se transforma, se rompe y se diluye.

Nosotras, desde Club Deseo, nos seguiremos haciendo muchas preguntas al respecto.
Aceptar que el museo también puede ser pista de baile y que la pista de baile, bien pensada, también puede ser un museo.