Silent Shout: La obra maestra de The Knife

Recuerdo, con flashes, apenas con 21 añitos encima, aquél Primavera Sound del 2013 en el Parc del Fòrum de Barcelona, hace ya 13 años, en que tuve la maravillosa suerte de ver en directo a uno de mis grupos preferidos, los hermanos suecos de Gotemburgo más respetados y queridos hasta la fecha: The Knife. En ese momento presentaban el álbum Shaking the Habitual.

3/17/2026

Silent Shout: La obra maestra de The Knife

Texto: Joana Fornós

Fotos: The Knife

Recuerdo, con flashes, apenas con 21 añitos encima, aquél Primavera Sound del 2013 en el Parc del Fòrum de Barcelona, hace ya 13 años, en que tuve la maravillosa suerte de ver en directo a uno de mis grupos preferidos, los hermanos suecos de Gotemburgo más disruptivos, subestimados y activistas hasta la fecha: The Knife. En ese momento presentaban el álbum Shaking the Habitual.

Quién nos diría, que después de esa gira, los hermanos Dreijer anunciaron que el proyecto había cumplido su ciclo y que querían explorar otras ideas, marcando así, el final y la disolución de The Knife.

“Dicen que la primera vez que lo escuchas te deja perplejo, la segunda te intriga, pero después de escucharlo muchas veces te das cuenta de que Karin y Olaf Dreijer han creado una obra maestra de su género». Estas fueron las palabras que la plataforma británica Grigwise compartieron sobre el álbum “Silent Shout” de The Knife en el 2006, cuando dio a luz esta masterpiece de los hermanos Dreijer. Y yo, lo subrayo bien fuerte y en negrita.

El disco de culto que marcó todo un precedente para el resto de artistas que emergieron después de la primera mitad de la década de los 2000: Crystal Castles, Grimes, La Roux, Lykke Li o Chvrches.

Silent Shout recibió críticas generalmente positivas por parte de los críticos musicales. Entre ellas, Pitchfork nombró el disco “Silent Shout” como el mejor álbum de 2006 y la canción principal la segunda mejor canción. Resident Advisor nombró a Silent Shout el segundo mejor álbum de 2006 y el noveno mejor álbum de la década de 2000. En su artículo «Los 50 mejores álbumes de la década de 2000», Gigwise colocó el álbum en el número siete, calificándolo de «innovador».

¿A qué sabe Silent Shout?

Mucho synth-pop, dark electro y techno. Sintetizadores oscuros y ritmos minimalistas.
Pitch-shifted (subir o bajar el tono) y formant shifting (cambiar el timbre) en las voces, generando un efecto andrógino vocal distorsionado.
Sonido y atmósfera casi fantasmagórica.
Todo ello con un coletazo y sabor a “pop tenebroso y queer” experimental.

O te enamoras o no entiendes nada.
O las dos cosas a la vez.
En mi caso, os juro por mi vida que estoy hasta las trancas y que me quedaría a vivir dentro de este disco.

Letras que hablan del miedo y ansiedad, de fantasías escapistas, de política. De amor, intimidad, de relaciones entre hermanos. Se critica el narcisismo y la banalidad de la cultura pop. Se habla de sociedades marginales o identidades que viven fuera de la norma social. Se habla de paranoia y de sectas secretas. Feminismo, arte y pornografía.

Los hermanos son fanáticos de directores de cine como David Lynch,  Richard Kelly o Aki Kaurismäki. Y también, del cine coreano.
Y en Silent Shout se nota, se huele y se siente.

Honestamente se me hace muy complejo describir a qué lugares me lleva este álbum, pero se siente como un hinvierno frío en medio de la naturaleza: A ratos siento que estoy desnuda corriendo en slow motion dentro de un bosque hermoso lleno de niebla y árboles altísimos que apenas me dejan ver el cielo. A ratos estoy haciendo una apnea dentro del mar con los ojos cerrados en lo más profundo del océano rodeada de peces imaginarios que nunca he visto. A ratos, tratando de salir de la misma capa de la atmósfera en dirección hacia el polvo interestelar del universo, bien oscuro. A ratos, caída libre en picado desde un cohete en medio de la galaxia.

Olof Dreijer decía, en una entrevista que les hicieron en 2006 para MTV Italia: “I’m thinking of the Alps, with a proper mountain, but just a small amount of snow on top”.

Y citando a su hermana Karin: «Silent Shout es como cuando sueñas y realmente quieres gritar algo, pero no te sale nada»

Ahora, imagínatelo. ¿Te lo imaginas? 
Un disco incómodo y alienígena para muchas. Un disco político y anti-género.
Te teletransporta a los bosques y montañas de Suecia aunque no hayas estado.
Por supuesto y personalmente, siento que es un disco no-apto para todos los oídos, ya que te saca de la zona de confort, y en eso, no todo el mundo está listo.
Tan perturbador, bello y erótico a la misma vez.

Un álbum que rompió con el pop que estaba sonando en esa década. Un cóctel molotov anárquico que cayó desde el espacio para crear casi un pequeño Big Bang en la industria musical, acompañado de un comunicado que se sintió como: “Hola, el pop también puede ser oscuro, de vanguardia y queer”.

Un sueño de álbum en el sentido más literal de la palabra.
Es una película visual, una caballería musical deconstruida.
Y¿sabéis qué? Karin y Olof nunca se presentaron a buscar todos los premios que ganaron gracias al disco, haciendo así, boicot a la alta presencia masculina en la industria musical.
En Club Deseo celebramos los 20 años de esta reliquia. Amamos la electrónica del norte de Europa, y esto no podía faltar en la colección. Recomendación de oro.