Puxo, Amantra y Lechuga Zafiro: una noche de escucha en Casa Montjuïc

Era mi primera vez en Casa Montjuïc, y el espacio terminó siendo una parte central de la experiencia. Un lugar que se sentía íntimo, donde todo parecía girar alrededor de la música. Podías estar sentado o incluso acostado escuchando, sin distracciones. El público también estaba en esa misma sintonía: la gente estaba allí para escuchar la música. Me encanta la idea de un espacio de escucha contemplativa. Es mi mood actual.

1/12/2026

Puxo, Amantra y Lechuga Zafiro: una noche de escucha en Casa Montjuïc

Texto: Luis De Gouveia Sousa

Fotos: Noel Cuesta, Luciano Cartes, @fk.fks.fk, Leo Adef.

Era mi primera vez en Casa Montjuïc, y el espacio terminó siendo una parte central de la experiencia. Un lugar que se sentía íntimo y que todo giraba alrededor de la música. Todos estábamos en la misma sintonía: escuchar. Me gusta la idea de que existan espacios así, de escucha contemplativa, es mi mood actual.

PROGRAMA HOLOGRAMA celebraba su primera edición, un espacio pensado para live sets y performance sonora, diseñado fuera de la lógica de la pista de baile. La propuesta se divide en dos formatos complementarios: HOLOGRAMA, enfocado en el directo y la escucha, y PROGRAMA, orientado al club y a la cultura techno. La idea es ofrecer un espacio donde la música y la experiencia sonora sean lo central, permitiendo que el público se acerque a los directos y performances de manera contemplativa, fuera de las dinámicas habituales de un club.

La noche comenzó con Puxo, DJ chileno afincado en Barcelona, con un set que se movía entre el club deconstruido, la percusión y referencias latinas. Era la primera vez que lo veía y, honestamente, no sabía qué me esperaba, aunque tenía mucha curiosidad. Su propuesta sonó experimental pero rítmica, con una energía que funcionó muy bien como apertura y que marcó el tono de todo lo que vendría después. Su sonido, junto a sus visuales rápidos de coches recorriendo la ciudad, me tenía completamente hipnotizado.

La noche continuó con Amantra, en una fecha especialmente significativa, ya que era la primera vez que presentaba su proyecto en vivo. Según contaba en Instagram Stories horas antes, era un proyecto que le había tomado mucho tiempo, pero que había trabajado con calma, disfrutando el proceso. No sabía qué esperar: pensé que quizás seguiría la línea de Axioma, el EP que publicó en octubre de 2025, pero lo sentí distinto, más vulnerable y sensible.

Su set se movió entre el ambient y el noise, incorporando voz y grabaciones acústicas. Fue un viaje sonoro intenso y muy íntimo. Su voz apareció como un elemento central, construyendo una narrativa que sentí oscura pero muy linda. Definitivamente era algo nuevo dentro de su universo sonoro. Me dejó con muchas ganas de ver hasta dónde puede seguir llevando este formato en el futuro.

El cierre estuvo a cargo de Lechuga Zafiro (a quien entrevisté para este blog). Lo he visto pinchar varias veces y siempre me resulta interesante; esta vez, su set fue distinto. Inesperado. En el inicio se lanzó hacia un sonido de rock pesado, un gesto que sentí muy fresco, sobre todo en un contexto donde casi nadie se atreve a poner rock, para luego llevarnos hacia el extremo opuesto, con momentos de tensión y silencios casi absolutos. También hubo guiños políticos, con grabaciones relacionadas con el gobierno de Venezuela. Fue un set intenso, cargado de contrastes y de capas emocionales.

Siento que la noche fluyó muy bien y que todo tenía sentido. Puxo abrió con un pulso rítmico y experimental, Amantra profundizó en un viaje íntimo y emocional, y Lechuga Zafiro llevó la experiencia al límite, entre el ruido y el silencio casi pleno. Fue una noche de contrastes, y que disfruté en un ambiente cómodo y cuidado. Me gustó mucho. Me acompañó Joana, amiga y ahora colega de CLUB DESEO, y poder compartir la experiencia con ella también sumó muchos puntos a la noche.

Creo que la ciudad y su escena se enriquecen cuando artistas y espacios se encuentran en propuestas como esta. Formatos que se alejan de la lógica del club y permiten experimentar con sonidos más arriesgados, más frágiles o más incómodos. Espacios donde los artistas pueden explorar otras inquietudes e ideas, y donde el público llega con curiosidad real, con ganas de escuchar música y de disfrutar toda la experiencia.