Plainclothes; "Un camino de sanación para la comunidad queer"

En el 2016, el director americano Carmen Emmi, quedó removido emocionalmente cuando leyó un artículo en LA Times sobre policías oficiales que arrestaban a hombres que tenían sexo en los lavabos de Long Beach Park, costa este. En esa época, Emmi estaba tratando de abrazar y aceptar su identidad y su orientación sexual.

2/22/2026

Plainclothes; Un camino de sanación para la comunidad queer

Texto: Joana Fornós Bo

En el 2016, el director americano Carmen Emmi, quedó removido emocionalmente cuando leyó un artículo en LA Times sobre policías oficiales que arrestaban a hombres que tenían sexo con otros hombres en los lavabos de Long Beach Park, costa este.
En esa época, Emmi estaba tratando de abrazar y aceptar su identidad y su orientación sexual.

El anhelo & romanticismo, según Carmen Emmi, son las alas que le han permitido escribir y orquestar esta cinta, estrenada en el Sundance Film Festival 2025.

Finales de los 90 en América, Siracusa, Nueva York. Comunidad gay, cruising, personajes con homofobia, agentes encubiertos y estigma del SIDA.

Identidad, deseo, vergüenza, supervivencia. Atracción, pasión, sensualidad.

Escribo esto teniendo muy presente y no dejando de lado el prisma bajo el cual se ha realizado la película; una mirada queer-masculina, americana y occidental.

Si tuviera que describir en pocas palabras la ópera prima de Emmi, diría que se trata de un thriller psicológico-queer-dramático (o más bien explícitamente “gay”), narrado bajo un paraguas de cine-experimental que te conmueve y asfixia hasta la médula.

Ver esta cinta ha sido hermoso, duro, fascinante, inquietante. Cómo te metes desde el primer segundo en la piel del protagonista. Es abrumador. Cómo el miedo, el deseo, la rabia, el dolor y el amor traspasan la pantalla.

Emmi decide dar en el clavo realizando la película en formato 4/3 y con un tratamiento de edición experimental, para generar una composición más íntima, más fotográfica, más vintage y desde luego más poética. Personalmente, el peso de la poesía que tiene esta película lo he visto en muy pocas ocasiones.

Esos primerísimos planos de los ojos, de las manos, de los labios, de los detalles… en donde muchos van acompañados con zoom-ins, movimientos bruscos y de texturas casi glitcheadas, te hace estar dentro del carrete en todo momento, no hay otra opción.

Latigazos que te recuerdan a una cinta VHS, a un documental e incluso a un videoclip.

El director, desde prácticamente el inicio de la película, te mete un plano de unas estructuras metálicas que forman el caparazón de un invernadero, lugar que más adelante marcará una de las escenas de sexo y amor más bonitas y fugaces que he visto dentro del cine; a escondidas, Tom Blyth y Russell Tovey hacen el amor rodeados de rosas, tulipanes, girasoles, orquídeas, hortensias, dalias, calas, petunias, geranios, margaritas y azaleas.

Y es aquí cuando entra mi momento preferido de la película y en el cual muchas personas del colectivo nos podemos sentir identificadxs; cuando Russell le hace una felación a Blyth, y este mira al cielo y ve unos pájaros volando por encima de la estructura metálica del invernadero.

Ese momento lo es todo. Te dan ganas de llorar. Es un grito en silencio de agonía, es un grito en silencio del sabor de la libertad, es un grito en silencio que abraza a todo el colectivo, es un grito del peso del tormento, de la angustia existencial, es un grito con muchas capas de profundidad.

Maravillosamente triste, jodidamente bello y cruel.

¿Cuantas veces muchas de nosotras hemos tenido sexo en lugares muy apartados y a escondidas por una cuestión totalmente política y sistemática-heteropatriarcal?

El contexto pasó de verdad, que se sepa. No es ficción. Se utilizaron cintas de la policía de los años 60.
Estas historias son reales.

Forma parte de la historia y la cápsula del tiempo del colectivo queer, de la represión que sufrió y aún sufre. De todas las que estaban antes que nosotras.

Como dice Emmi en una de las entrevistas que le hicieron en Instinct Magazine, ojalá esta película sirva como un camino de sanación para la comunidad queer.

Podemos decir que 20 años más tarde, tenemos un film que me recuerda a todo lo que sentí cuando vi Brokeback Mountain (una de mis películas favoritas del planeta). Y junto con esta película, perdurará mucho tiempo en mi memoria.