Pillion: sumisión, deseo y libertad

Pillion es una película escrita y dirigida por Harry Lighton, basada en la novela Box Hill de Adam Mars-Jones, una obra que se ha convertido en un referente sobre relaciones complejas y dinámicas de poder. La película traslada ese universo al cine para explorar la intimidad y las jerarquías emocionales dentro de la subcultura biker queer.

3/15/2026

Pillion: sumisión, deseo y libertad

Texto: Luis De Gouveia Sousa

Foto: Pillion

Pillion es una película escrita y dirigida por Harry Lighton, basada en la novela Box Hill de Adam Mars-Jones, una obra que se ha convertido en un referente sobre relaciones complejas y dinámicas de poder. La película traslada ese universo al cine para explorar la intimidad y las jerarquías emocionales dentro de la subcultura biker gay.

La historia sigue a Colin (Harry Melling), un hombre de unos treinta años, sumiso por naturaleza y atrapado en una vida profesional y social bastante monótona en un suburbio inglés. Todo cambia cuando conoce a Ray (Alexander Skarsgård), el líder guapísimo de un club de motociclistas gays. Lo que empieza como una atracción física se transforma rápido en una relación con dinámicas de dominación y sumisión. Ray no solo introduce a Colin en el mundo del cuero, las motos y otros códigos del grupo, sino que también lo “adopta” como su pillion, el pasajero que va en el asiento de atrás de la moto.

Es importante aclarar que la película no cuenta una historia de abuso, sino que muestra una exploración personal y un proceso de crecimiento personal a través de dinámicas de poder consensuadas. Colin, acostumbrado a su vida aburrida, se siente abrumado por la presión constante de tomar decisiones todos los días. Pero al conocer a Ray y entregarse a su autoridad, descubre una liberación inesperada: la obediencia se convierte en un espacio de diversión, afecto y, hasta de, tranquilidad.

La película también muestra algo muy interesante: cómo la sumisión puede dejar de ser solo una práctica íntima para convertirse en parte central de la identidad de alguien, algo que marca para siempre la manera en que se relaciona con el mundo. Pillion saca al “fetiche” del imaginario habitual al que suele estar asociado. Lo que normalmente se ve en dungeons oscuros, con luces rojas y atmósfera de peligro y clandestinidad, aquí aparece integrado en la vida cotidiana. Para quienes observan desde fuera puede parecer extremo, pero para ellos es un estilo de vida y una comunidad con sus propias reglas, afectos y formas de pertenencia.

La película plantea las relaciones amorosas de otra manera: normalmente se supone que buscamos a alguien que nos complemente, pero Colin no busca exactamente su “media naranja”, sino a alguien que lo defina. En un momento de la película ocurre una transición clara: del Colin perdido al Colin cuya identidad pasa a ser “el pasajero de Ray”. Es ahí cuando parece que empieza a vivir de verdad. Y sin querer dar spoilers, Pillion también sugiere algo incómodo: a veces es más fácil dominar a otra persona que enfrentarse a nuestros propios sentimientos. Ray, que se escuda en la dureza de la estética biker y en su rol de líder, utiliza todas estas cosas no solo como un estilo de vida, sino como una especie de máscara emocional que lo protege de ser vulnerable.

Y para cerrar este análisis un poco escueto (porque no sé nada de cine), también vale la pena destacar la estética increible de la película. Pillion tiene momentos muy lindos: las tomas de ellos dos juntos en moto, un Alexander Skarsgård guapísimo, chaquetas de cuero chulísimas, esa mezcla de seducción e incomodidad. La película combina humor negro con momentos de vulnerabilidad un poco inesperada, y eso la hace muy especial. La recomiendo 100%.