Ouineta y la construcción de un pop sin complejos
Ouineta es coreógrafa, performer, música, amable, divertida… y la lista sigue. Su universo sonoro es tan ecléctico como reconocible: del pop más frontal al reguetón oscuro, del pulso club a la introspección nocturna.
Ouineta y la construcción de un pop sin complejos


Ouineta no es solo un proyecto musical: hay cuerpo, coreografía, gesto y personaje. ¿En qué momento sentiste que la música necesitaba del movimiento para terminar de existir?
Creo que fue al revés. Yo necesité la música para acompañar mis movimientos, porque soy coreógrafa y vengo de la danza, aunque en realidad me considero bastante performer. En ese momento estaba trabajando con artistas, haciendo coreografías para directos y videoclips de cantantes.
Hice una gira con Rigoberta Bandini como bailarina y coreógrafa, y ahí conocí la experiencia de hacer una gira. Fue muy guay poder vivir de primera mano cómo es crear un show para un proyecto musical, y ahí encontré mucha pasión. Es verdad que me gustaba mucho escribir y componer, pero eran canciones que no tenían que salir de mi habitación, ¿sabes? Así que esas ganas de componer ya estaban, pero no eran un sueño real. Fue al revés: a través del movimiento y la coreografía, sentí la necesidad de hacer mi propio proyecto musical.
¿Cómo defines hoy tu sonido y qué te interesa romper cuando haces música?
Mi sonido ahora mismo lo definiría como ecléctico, una mezcla de ideas, sonidos e incluso géneros musicales. El álbum que estoy terminando, que saldrá en marzo, es la máxima expresión de eso. He intentado que las canciones sean diferentes entre sí; me gusta que el sonido tenga mucha variedad.
Creo que estoy consiguiendo, o al menos intentando, crear un estilo personal que haga que digas: “esto es muy Ouineta”. Pero, aun teniendo un estilo, intento que cada canción aporte algo por sí misma.
Y te diría que me interesa repensar códigos y jugar con ellos.
Ouineta es coreógrafa, performer, música, amable, divertida… y la lista sigue. Su universo sonoro es tan ecléctico como reconocible: del pop más frontal al reguetón oscuro, del pulso club a la introspección nocturna.
Temas como La Roda o Ves-te’n de la festa funcionan como avances de un disco que se anuncia profundamente ligado al cuerpo. Y si hay una canción que resume su capacidad para jugar con los códigos del pop desde el disfrute y la diversión, esa es DMs, especialmente en su remix junto a Yenesi: una colaboración luminosa, divertida y absolutamente contagiosa.
Hace tiempo que su nombre estaba en mi radar como una de las voces del pop catalán actual que más ganas tenía de entrevistar para este blog, así que conectar con ella a través de Instagram y poder llamarnos (además, el día de mi cumpleaños, muy guay) fue un auténtico regalo.
En esta entrevista hablamos de cómo la danza la llevó a la música (y no al revés), del papel fundamental de la producción y la colaboración en su proyecto, de la construcción de un imaginario pop sin complejos y de cómo se prepara para habitar el escenario en una nueva etapa que está a punto de comenzar.
Vienes de la danza y la coreografía. ¿Crees que eso cambia la forma en la que compones canciones frente a alguien que viene solo de la música?
Mira, puede ser en el sentido de que no tengo una formación musical técnica. Musicalmente me baso mucho en la intuición, y es algo que también me ha pasado en la coreografía: yo llegué a la danza desde el puro juego y la intuición. Me relaciono con la música de la misma manera. También creo que al venir de otras disciplinas (la danza y el audiovisual) me aproximo a la música desde una mirada multidisciplinar.
Trabajo mucho con Juan Feduchi, el productor de la mayoría de mis canciones, y en verdad es también el responsable de que Ouineta suene como suena. En mis canciones la producción es muy importante, y es algo que yo no controlo. Estoy muy agradecida de haber encontrado no solo a un productor con el que me entiendo artísticamente, sino a alguien que está muy abierto a cómo quiero crear y componer. Somos un buen equipo.


La Roda suena más nocturna, más introspectiva, pero también más física. ¿Es una puerta directa a lo que será tu primer álbum?
Sí, La Roda es el primer single que saqué del álbum. Luego saqué otro, que es un reguetón, Ves-te’n de la festa, y de momento esos son los avances que he hecho del álbum. Pero sí, La Roda es una canción importante dentro del disco.
Mira, en una de las canciones digo, “música que no se escucha, se toca”. Un poco la idea de una música táctil. Tiene mucho que ver con mi relación y mi vínculo con la danza, con el cuerpo, que está súper presente.
También porque hay tantos sonidos en cada canción que esa idea me gusta como definición del álbum: música que se toca, que hay que vivir, tocar y experimentar. Y, como te decía, he intentado que haya variedad en las canciones. Durante todo este tiempo he estado sacando singles, y aunque al principio publiqué un EP cuando empecé el proyecto, después fui lanzando canciones sueltas sin una conexión clara entre ellas.
Realmente era Ouineta, pero no había un concepto general. Estuve bastante obsesionada con encontrar un concepto para el álbum, porque es algo que está muy a la orden del día, pero al final decidí que el disco fuera una expresión de la identidad de Ouineta en su máximo esplendor. Creo que todo este tiempo sacando singles me ha ayudado a ir encontrando un estilo, una manera de cantar y también la decisión de cómo quiero sonar.
¿Hay algo que nos puedas adelantar del álbum?
Siento que es la canción de mi discografía más popera, el “mega hit”. Y le hacía falta un remix. Justo la saqué por Navidades y pensé que un remix para celebrar que hacía un año desde su lanzamiento podía ser perfecto. A Yenesi la conocí más o menos en primavera, en un concierto de Amaia. Se me acercó y cantó “amor, fes-me un regal…”. Yo no sabía ni que escuchaba mi música ni nada, y me quedé súper impactada: que se supiera la canción, qué ilusión. Me dijo que le encantaba, que la tenía en loop y en ese momento dijimos que algún día tendríamos que hacer el remix.
Es súper creativa, súper divertida, y me apetecía muchísimo. Vino a Barcelona e hicimos el remix en un día. También me hacía mucha ilusión que cantara en catalán, aunque ella no sea catalana. Estas colaboraciones y mezclas me gusta explorarlas. Me interesa que mi música no se quede solo en un circuito cerrado de Barcelona, que vaya más allá del idioma en el que cante y que llegue a otros sitios y a otros públicos.
El remix de “DMs” con Yenesi (2026) lleva la canción a otro lugar: más club, más actitud, más deslenguado. ¿Qué te motivó a colaborar con ella y qué sentías que podía aportar al tema?
La danza ha sido una parte central de tu carrera también fuera de Ouineta. ¿Qué te aporta trabajar el movimiento para otros proyectos que luego llevas a tu música?
Realmente, la música ha sido mi canal hacia mí misma. De pequeña, por ejemplo, tuve un contacto muy directo con la música a través de mi abuela, que aprendió a tocar el piano bastante tarde, pero le encantaba. La música clásica llegó a mí porque mi abuela siempre tocaba el piano, es su pasión.
Después, trabajar en la danza y en la performance, ya más adulta, me llevó a conectarme con la música como algo mío, personal. Puedes bailar en silencio y sin sonido, pero al final el baile y la música van súper ligados. Muchas veces hago las coreografías a partir de improvisaciones, y la música es, en ese sentido, mi guía para moverme. Es escuchar a través del cuerpo.


Coreografiaste Aralar de Amaia, una canción muy contenida y emocional. ¿Cómo se coreografía algo tan íntimo sin romper su delicadeza?
Mira, creo que con Amaia es un proyecto en el que me siento muy libre, porque llevo tiempo trabajando con ella y ha sido una conexión total artísticamente. Siento que es mutuo: nos gustamos mucho en un sentido artístico. Me gusta muchísimo su proyecto, sus ideas, su música, y, por supuesto, cómo canta, que es espectacular.
Ella también me da mucha confianza, y cuando le creo una coreografía me siento libre para proponer algo desde mí. Hay movimientos que puedo prever: “Uy, esto a Amaia va a decir que no”, y ya lo evito. Pero en general me siento muy libre para proponer, y creo que eso también se genera por la confianza que ella tiene en mí.
En Aralar, que es una canción con inspiración folclórica, quisimos que el baile también reflejara esa inspiración, pero con la libertad de poder inventarme mi propia técnica. Eso me motiva mucho. En el directo, por ejemplo, hay un zapateado que está inventado; no es un zapateado flamenco pero tiene inspiración flamenca. Juego con las formas.
¿Qué aprendiste de trabajar con Amaia que haya influido, aunque sea de forma invisible, en tu propio proyecto?
Yo diría que, en resumen, con Amaia aprendo de todo: desde verla, escucharla, hasta trabajar mano a mano con ella. También me interesa mucho el universo que está creando junto a la dirección creativa de Daniel. Me inspira un montón. La verdad es que los tengo muy presentes también para mi propio proyecto.
Tu propuesta reivindica el pop como algo serio, complejo y político desde el cuerpo. ¿Crees que todavía se subestima el pop cuando entra en el terreno de lo performativo?
La verdad es que creo que depende de a quién le preguntes eso, ¿sabes? Yo, por ejemplo, estoy muy bien con el pop; lo amo y lo valoro.
A veces, no querer valorar el pop viene un poco por querer parecer “guay”, por pensar: “No, yo soy mejor porque escucho otra música”. Es un pensamiento de gente que no evoluciona. Eso pasaba también con la música urbana, con la reivindicación del rock, de los instrumentos y en contra del autotune. Me aburre mucho este discurso.
Es que también siento que el prejuicio es bastante misógino. La misoginia está en todos lados; el patriarcado es, al final, el sistema en el que vivimos. Y pues, como el pop se ha asociado tanto a la mujer y a la forma de expresarse, de mostrarse, de jugar con la moda, esto también se ha relacionado con ciertos prejuicios. Para mí, la estética y la construcción de un imaginario son muy importantes. No me pongo a criticar a las bandas de música en general, porque no me aporta nada, pero en este sentido, pienso: es mucho más divertido presentar una propuesta estética cuando muchos grupos van sin ninguna intención creativa. El pop es multidisciplinar, tiene mucho por ofrecer.
Ahora mismo, ¿qué te interesa más explorar: nuevas formas de sonido, nuevas maneras de habitar el escenario o nuevas narrativas desde el cuerpo?
Pues me gusta mucho lo que has dicho al final, porque sé que después de haber estado todo el año obsesionada con el álbum, ahora que lo he terminado estoy en este punto de acompañarlo. La parte de sonido, de alguna manera, ya está cerrada.
También tengo muchas ganas de seguir haciendo música, de crear vida después del álbum. Me muero de ganas de componer cosas nuevas y de empezar una nueva etapa, una nueva manera de hacer canciones.
Ahora mismo, como tengo que acompañar el álbum, estoy enfocada en eso: acompañarlo visual y estéticamente. También estoy empezando a preparar el directo, que estreno en Barcelona el 10 de abril. Tengo muchas ganas de crecer como performer, de poner en escena las canciones que he hecho.
