Lilies Not For Me: La belleza insoportable de existir

¿Parece que está habiendo una nueva ola de directores homosexuales con óperas primas queer que parecen joyas escondidas? Lilies Not for Me (en español “Las flores del silencio”), la ópera prima del director Will Seefried, es exactamente ese tipo de película que te deja totalmente como si te hubieran quitado el aire sin avisar. Y se siente muy personal, sin filtros. Está hecha para sentirlo todo, como “Plainclothes”. Porque como dice Seefried en una de las entrevistas que le hicieron en Edinburgh International Film Festival; “si quieres que te cuente mi verdad, tienes que saber toda la historia, con sus luces y sus sombras.”.

4/6/2026

Lilies Not For Me; La belleza insoportable de existir

Texto: Joana Fornós Bo

¿Parece que está habiendo una nueva ola de directores queer con óperas primas que parecen joyas escondidas?

Lilies Not for Me (2025) (en español “Las flores del silencio”), el debut del director Will Seefried, es exactamente ese tipo de película que te deja totalmente como si te hubieran quitado el aire sin avisar. Y se siente muy personal, sin filtros. Está hecha para sentirlo todo, como “Plainclothes”. Porque, como dice Seefried en una de las entrevistas que le hicieron en el Edinburgh International Film Festival; “Si quieres que te cuente mi verdad, tienes que saber toda la historia, con sus luces y sus sombras.”.

Una historia de amor, deseo y fantasía entre cuerpos masculinos, tan preciosa como desgarradora, en el sentido más literal de la palabra. Es un relato tan ficticio como real, como tantas historias parecidas pasaron en la Inglaterra de los años 20, en donde se intentaba “curar” la homosexualidad, que se consideraba una enfermedad mental, con métodos médicos brutales, totalmente absurdos y extremadamente dolorosos; las historias de las terapias de conversión.

Ser hombre homosexual no solamente estaba mal visto, sino que estaba criminalizado. No hace falta que te expliquen demasiado: sabes que este mundo ya castigó a personas como Oscar Wilde, y que aquí va a volver a hacerlo: cárcel, humillación pública, destrucción de la vida personal.

El film es como una especie de partido de tenis en donde te mueves de lo majestuoso a lo terrible. Te lanza de un lado a otro sin darte tiempo a respirar. A una se le fusionan las lágrimas con tanto encanto y monstruosidad a la vez.

La cinta tiene una estética tan poética; la fotografía, la naturaleza de los paisajes, esos tonos verdes y amarillos, los cuerpos desnudos mezclados con el contraste de los paisajes… Una sutileza a la hora de grabar, tan romántica y terrible a la vez. La escena de sexo anal en el árbol es de los planos más poético-románticos-fantasiosos que he visto en toda mi vida. Por el contrario, de las escenas desgarrantes, prefiero no mencionar ni una palabra, honestamente.

Una se queda delante de la pantalla acompañando a los personajes en la tristeza y en ese dolor que tanto se siente como espectadora. ¿Cómo la sociedad puede convertir el amor en una enfermedad? ¿Cómo la ciencia se usó para justificar violencia?

Me quedo con la sensación de que, en el fondo, incluso en uno de los contextos más represivos, el amor existía igualmente, aunque el mundo intentara borrarlo.

Indeleble escena final de la película y con la que estallé a llorar: nacen unas flores de un cuerpo en represión que expresa lo que siempre tuvo dentro: su deseo, su identidad y su amor.
Es tan insoportablemente bello que duele. Sin palabras.

Y cuando termina, solo queda una pregunta: ¿Morir o desaparecer?