Ismael Chappaz: Curaduría del deseo, actitud punk y el archivo vivo frente al algoritmo
Ismael Chappaz: Curaduría del deseo, actitud punk y el archivo vivo frente al algoritmo


Has pasado de producir imágenes propias como fotógrafo y diseñador a construir un ecosistema donde tu mirada se proyecta a través de las carreras de otros. ¿En qué momento entendiste que tu verdadera autoría no estaba en la creación de la obra, sino en la curaduría del deseo y la gestión de este ecosistema llamado House of Chappaz?
Para entender por qué me hice galerista tendría que remontarme mucho antes incluso de abrir mi segunda galería, y más atrás todavía de mi primer proyecto. Cuando tenía 20 años -hace ya 24-, mientras muchos de mis amigos formaban grupos de música, yo empecé a pinchar. Ahí descubrí algo que ha sido constante desde entonces: lo que más me interesaba no era tanto crear la obra en sí, sino generar un espacio donde otras personas entraran en sintonía con aquello que a mí me emocionaba.
Durante un tiempo pensé en producir mis propios temas, pero nunca terminaba de sentirme satisfecho. Poco a poco entendí que la creación no tiene por qué ser individual ni centrarse únicamente en el objeto, sino que también puede consistir en compartir referencias y conocimientos y de ese modo activar una comunidad de escucha o de mirada.
Siempre me he acercado a la creación desde una perspectiva casi antropológica, como una forma de observar cómo se construyen los vínculos entre personas a través de la cultura. Con el arte contemporáneo ese proceso fue progresivo: primero con Espai Tactel (2011–2021), de un modo más intuitivo, y después con House of Chappaz (desde 2021), ya con una mayor conciencia de lo que estaba construyendo.
Al final, siempre se ha tratado de lo mismo: no tanto de imponer una autoría cerrada, sino de diseñar contextos donde otras personas puedan hacer propios ciertos imaginarios. En ese sentido, mi trabajo se sitúa más en la curaduría de un ecosistema que en la producción de una obra individual. Hoy además tengo la suerte de compartir este proyecto con compañeros de viaje muy potentes como Toormix, Oriol Armengou y Ferran Mitjans. Sin ellos, House of Chappaz simplemente no existiría.
Ismael Chappaz lleva años construyendo espacios donde el arte contemporáneo, lo queer y la tecnología se encuentran desde la experimentación y el pensamiento crítico.
Co-director y copropietario de House of Chappaz y profesor en LABA Valencia, ha desarrollado una práctica curatorial que entiende la cultura como un lugar desde el que crear vínculos, generar archivo y cuestionar las formas tradicionales de representación.
Esta entrevista tiene, además, un significado especial para mí. Conozco a Ismael desde hace muchos años y me hacía especial ilusión cerrar nuestro especial del Mes del Orgullo conversando con un amigo.
Hablamos sobre la gestión cultural como una forma de compartir obsesiones y construir comunidad; sobre las tensiones que aparecen cuando la disidencia entra en diálogo con el mercado del arte y el lujo; sobre la tecnología post-internet como un espacio desde el que imaginar cuerpos e identidades más allá de lo biológico; y sobre lo que implica seguir defendiendo una actitud independiente, e incluso punk, en un sistema que constantemente intenta absorber aquello que antes consideraba incómodo.


Exposición: "If it walks like a Duck…" de Eli Cortiñas
Tu galería es un nodo de visibilidad para lo queer. ¿Cómo evitas que la disidencia sexual de tus artistas se convierta en una "commodity" estética que los coleccionistas compran solo para sentirse políticamente integrados mientras mantienen sus privilegios de clase?
Creo que el lenguaje post-internet permite a lo queer alejarse de las categorías biológicas fijas porque favorece identidades fluidas, múltiples y en constante transformación. Frente al arte tradicional, que a menudo ha clasificado los cuerpos según parámetros binarios de sexo o género, el entorno digital abre espacios donde la identidad puede construirse a través de avatares, imágenes, narrativas y códigos que no dependen de una lectura biológica. De este modo la identidad deja de entenderse como una condición estable y pasa a concebirse como un proceso cambiante y performativo. El lenguaje post-internet no elimina las categorías biológicas, pero sí las descentra, permitiendo que lo queer se exprese desde la ambigüedad, la experimentación y la diversidad. No pretendo sentar cátedra, simplemente es mi punto de vista.
Con artistas como Carlos Sáez, exploras la frontera entre el hardware y el deseo. ¿De qué manera el lenguaje post-internet permite a lo queer desvincularse de las etiquetas biológicas que el arte tradicional aún intenta imponer?
Eso no es algo que se pueda evitar del todo. Las instituciones -museos, fundaciones y otros agentes del sistema- también participan de esa misma dinámica en la que ciertas prácticas críticas pueden ser absorbidas o estetizadas.
Es una tensión estructural del sistema del arte. Para mí, la cuestión no pasa por intentar “blindar” las obras frente a esa lectura, sino por ser absolutamente coherente con el discurso y las prácticas que sostienen el proyecto. Eso implica una posición clara en términos curatoriales, en las relaciones que se establecen y en la manera en la que se construye contexto alrededor de los artistas.
Desde siempre he trabajado desde una posición poco convencional dentro del ecosistema de galerías, con un compromiso explícito con lo queer y con una atención constante a prácticas atravesadas por lo feminista y lo LGBTQAI+. Pero al mismo tiempo soy consciente de que operamos dentro de un sistema capitalista que condiciona todas las capas del proceso, desde la producción hasta la recepción.
En ese sentido, que los artistas encuentren espacio en instituciones como el MACBA, el IVAM o el Museo Reina Sofía no es una contradicción, sino parte del recorrido natural de legitimación dentro del sistema. Y esa visibilidad, a su vez, genera fricciones interesantes entre lo institucional y lo comercial, que son inevitables pero también productivas.
Si existe una “integración”, prefiero entenderla menos como una domesticación del discurso y más como un campo de negociación permanente entre deseo, mercado e instituciones, donde lo queer sigue operando como una fuerza que incomoda y desplaza.


Exposición: "Hefesto" de Vicky Uslé
En muestras como Articulaciones del deseo, mezclas lo histórico con lo contemporáneo. ¿cuál es tu criterio para asegurar que esas obras sean entendidas por su peso histórico y no solo como objetos de deseo para un coleccionismo que busca 'lo diferente’?
La exposición Articulaciones del Deseo comisariado por Eduardo García Nieto, se hizo en dos partes: la primera fue para clausurar definitivamente el espacio de València y la segunda para cerrar la primera temporada de House of Chappaz como galería exclusivamente catalana. Quería puntualizar esto puesto que es probablemente una de la exposiciones más statement que ha tenido la galería y con la que fue indispensable la ayuda mediante prestamos de obra de muchas galería amigas no solo españolas, si no también francesas como la desaparecida Air de Paris.
Por otro lado veo que la pregunta parte de la idea de que existe un coleccionismo que se acerca al arte político o queer principalmente para diferenciarse. Creo que, en parte, eso puede ocurrir, como sucede con cualquier tendencia artística o cultural, pero reducirlo todo a esa lógica sería simplificar mucho la realidad.
De hecho, te sorprendería comprobar que una parte del coleccionismo LGBTQ+ sigue mostrando más interés por propuestas plenamente integradas en los circuitos artísticos convencionales, independientemente de la identidad o el discurso de los artistas. Los proyectos con una vocación más explícitamente activista, política o queer no siempre encuentran una recepción inmediata, ni siquiera dentro de las propias comunidades a las que interpelan.
En cualquier caso, mi labor como galerista no consiste en controlar las motivaciones de quien compra una obra, sino en construir un contexto crítico que permita comprenderla en toda su complejidad.
Tengo una actitud claramente antisistema. Las exposiciones que programo no responden a lo que habitualmente se espera en España y, si analizo mi trayectoria desde una lógica estrictamente comercial, la realidad es que no he tomado decisiones pensadas para agradar o seducir al coleccionismo local o estatal. Mi proyecto nace de otro lugar.
Hay algo profundamente punk en trabajar desde la convicción de hacer aquello en lo que crees, aunque no sea lo más rentable ni lo más conveniente. Siempre he entendido la galería como un espacio para generar discurso, asumir riesgos y abrir conversaciones, no únicamente como una plataforma de venta.
En ese sentido, el equilibrio con las instituciones no pasa por suavizar el proyecto, sino por mantenerlo coherente mientras se construyen puentes de diálogo real. No se trata de adaptarse, sino de conseguir que ese tipo de prácticas puedan ser leídas, discutidas y sostenidas también desde lo institucional sin perder su carga crítica.
Lo que me preocupa es que a veces ese esfuerzo no se reconoce del todo: que exista una propuesta dispuesta a ir más allá de la lógica comercial, apostando por la experimentación, el pensamiento crítico y la construcción de comunidad, no siempre encuentra el interlocutor adecuado.
Te defines como alguien que no quiere aburrirse. En el ecosistema del arte español, ¿cómo se equilibra esa búsqueda de lo inesperado con la necesidad de mantener un diálogo sólido con las instituciones?


House of Chappaz en la feria ARCO 2026
En estos momentos hemos creado una pequeña línea editorial dentro de la galería, estamos a punto de cerrar nuestro segundo catálogo anual y, en breve, publicaremos un libro que recoge los 15 años de proyectos desarrollados en torno a la galería, de los cuales los últimos cinco pertenecen ya a House of Chappaz. Desde esa perspectiva, la cultura LGTBIQ+ no solo debe ser preservada, sino entendida como parte estructural del tejido cultural del país, no únicamente como un capítulo dentro de la historia del arte contemporáneo.
Su valor no es periférico ni accesorio, sino constitutivo de muchas de las narrativas estéticas, políticas y sociales de nuestro presente. Lo que me interesa especialmente proteger es aquello que no siempre es inmediatamente visible o consumible: los procesos, las comunidades, los contextos de producción y las formas de relación que no encajan fácilmente en la lógica acelerada del algoritmo. Frente a la homogeneización digital, el archivo -entendido no como algo estático, sino como un cuerpo vivo- se convierte en una herramienta de resistencia y de memoria.
Si House of Chappaz fuera un archivo para las generaciones del futuro, ¿qué parte de la cultura LGTBIQ+ actual te obsesiona proteger para que no sea devorada por el algoritmo o el olvido?


Exposición: "A Spiralling Ascent. Looking back from the End" de Raisa Maudit
