IMB Festival: El escenario como síntesis de un año de incubación.
IMB Festival: El escenario como síntesis de un año de incubación


Entrevista: Luis De Gouveia Sousa
IMB Festival no funciona como un evento aislado, sino como el cierre visible de un proceso que lleva meses ocurriendo detrás del escenario. Durante un año, artistas, alumnos y profesionales trabajan juntos en el desarrollo de proyectos que encuentran aquí su primer gran contacto con el público. Lo que sucede en Sala Apolo es solo la parte visible de algo mucho más largo: una red de trabajo, aprendizaje y acompañamiento real que busca devolver la música a un lugar más humano y menos condicionado por la lógica inmediata del algoritmo.
En esta séptima edición, proyectos como Drica, Espíritu System, Jan Nieto, La Niña Paracaídas o Mariana També llegan al festival después de un proceso de crecimiento compartido junto al equipo de IMB School. El festival se convierte así en un punto de encuentro donde showcases, industria y comunidad conviven sin jerarquías rígidas, creando un espacio pensado para descubrir artistas desde la cercanía y no desde la sobreexposición.
Hablamos con Sam Rojas, directora de Comunicación y Marketing del festival, sobre esa idea de acompañar escenas emergentes desde un lugar más honesto, el equilibrio entre identidad artística e industria, y la importancia de seguir construyendo espacios donde la música todavía pueda sentirse colectiva.
El próximo 13 de mayo, Sala Apolo acogerá una nueva edición de IMB Festival junto al Área PRO y sus showcases en directo. Además, el festival ha lanzado una entrada solidaria en colaboración con El Pumarejo, uno de los espacios independientes más importantes para la escena cultural de Barcelona.
¿Cómo funciona?
2x1 por 10€
Acceso al Área PRO + showcases
Código en DICE: IMBXPUMA
Introduce el código al comprar tu entrada en DICE y conseguirás automáticamente dos accesos para el festival. Todos los beneficios irán destinados íntegramente al apoyo de El Pumarejo.




El IMB Festival funciona como el cierre de un proceso de formación profesional. ¿Qué vacío detectaron en el circuito de festivales convencionales que les llevó a apostar por este modelo de “festival-incubadora”?
El IMB Festival nace de algo bastante claro. Hay mucho talento emergente, pero no siempre hay espacio para desarrollarlo con tiempo, recursos y acompañamiento real.
Durante un año, cinco artistas trabajan con el equipo del máster en Music Business Management de IMB School en el desarrollo de un single, desde la grabación hasta la promoción. El festival es el momento en el que todo eso se pone en juego en directo, en una sala que a pesar de ser grande permite cercanía dentro de la escena de Barcelona.
Para muchxs artistas, tener un equipo detrás, aunque sea durante un tiempo, marca la diferencia. Aquí pueden probar, ajustar y tomar decisiones con apoyo.


¿No os ha pasado que escucháis a alguien y pensáis “aquí es”?
Partimos de unas 300 propuestas de Barcelona. Cada persona del equipo eligió una, la defendió y luego nos juntamos para ver qué pasaba en directo.
No hay una guía clara, pero sí ese momento en el que varias personas coinciden sin tener que explicarlo demasiado. Ese pequeño “click”.
También tiene que ver con la actitud y con tener una propuesta propia: proyectos que, más allá del género, transmiten algo honesto y pueden dialogar entre sí dentro del festival. Buscamos ese toque diferencial en cada artista, cada uno aporta algo distinto, para construir una propuesta variada, que se salga de lo establecido y no solo de lo que parece destinado a triunfar. Nos interesa acompañarlos en su desarrollo, ayudándoles a moldear su propuesta con más recursos y dándoles un apoyo que no siempre encuentran.
En el proceso también participaron agentes como Sony Music o el Festival Cruïlla, pero la selección final salió de esa puesta en común. Un poco caótica a veces, pero bastante honesta.
La curaduría del festival mezcla géneros muy distintos bajo el criterio de “identidad y proyección”. ¿Cómo equilibran el gusto personal o artístico con la viabilidad comercial que requiere un proyecto de su incubadora?
En su propuesta hablan de un formato cercano y “sin algoritmos”. ¿Qué valor creen que aporta hoy la experiencia del directo en una sala para que el público conecte de verdad con un artista nuevo?
No estamos fuera del algoritmo, ojalá.
También jugamos ese juego porque es una de las pocas formas de existir ahora mismo. Pero intentamos que no sea lo que decide.
Los artistas que están aquí no vienen de una recomendación automática. Vienen de haber enviado su música, de haberla, nosotrxs, escuchado con tiempo, de haberla visto en directo y de haber coincidido en que había algo ahí. Nos reconforta saber que en un contexto de opiniones y gustos tan polarizados seguimos siendo capaces de ponernos de acuerdo.
Y puedes descubrir una canción en casa, obvio, pero hay un momento muy concreto en el directo en el que algo cambia. Cuando la música deja de ser solo tuya y pasa a compartirse con la gente que tienes alrededor y todo el mundo canta al unísono.
Por eso seguimos apostando por ese formato.
El festival es el resultado de un año de trabajo, ¿cómo influye ese intercambio de visiones tan distintas en el resultado final que vemos sobre el escenario?
Lo que vais a ver es el resultado de un año entero. De trabajo constante, a veces más silencioso y otras más compartido.
Nosotrxs lo hemos visto desde el principio, así que vamos a notar mucho el cambio. Hay proyectos que han dado giros importantes y otros que han seguido un camino más claro y lo han pulido junto al equipo. Pero en todos hay algo común. Llegan más claros, con más agencia.
Veréis a Drica, Jan, La Niña Paracaídas, Mariana També y Espíritu System en un momento muy concreto de su recorrido. Y ojalá esto sea solo el principio de su viajo con ellxs para quien les descubra aquí. Que les vea crecer como lo hemos hecho nosotrxs este año.


El festival lleva siete años, pero cada edición la entendemos de forma distinta. Y eso también lo mantiene vivo.
Han pasado artistas como Balma, Syd de Palma, Cristina Len o Pol Bordas, y nos gustaría seguir siendo ese lugar donde descubres a alguien "por primera vez" antes de saltar a la fama.
Este año, además, estamos intentando cuidar más la identidad del festival. Darle continuidad y que se reconozca. La idea es que quien venga quiera volver, pero también que poco a poco se entienda como un espacio importante de descubrimiento musical dentro de la escena emergente de Barcelona.
Suena un poco romántico, pero nos interesa que sea un lugar donde distintas escenas convivan y donde la gente sienta que son en parte, el trampolín que esos artistas merecen. Que al día siguiente digan: "Ayer escuché a unx artista brutal que te va a encantar."
Mirando hacia adelante y tras siete ediciones en la Sala Apolo, ¿qué aspectos de la industria o del propio festival les gustaría seguir transformando?


