Hacer música desde el desplazamiento: Lucía Alegría
Hacer música desde el desplazamiento: Lucía Alegría


Me hace especial ilusión presentar la entrevista de hoy, porque Lucía Alegría no es solo una de las voces emergentes más interesantes de la escena madrileña, sino también alguien a quien conozco desde hace muchos años.
Coincidimos en Buenos Aires, donde compartimos noches, conversaciones y una etapa vital que, de alguna forma, también atraviesa su música. Desde entonces, he podido ver de cerca cómo su proyecto ha ido tomando forma, creciendo con una honestidad poco común y una sensibilidad cada vez más definida.
Hoy, afincada en Madrid, Lucía construye un universo propio en el que conviven la canción íntima, la raíz latinoamericana y una mirada profundamente emocional sobre la experiencia migratoria. Su evolución, desde Una fiesta al desorden hasta temas más recientes como Inmortal, refleja no solo una búsqueda estética, sino también una forma cada vez más clara de nombrar lo que duele, lo que cambia y lo que permanece.
Hablar con ella es, en cierto modo, volver a esos lugares compartidos, pero también descubrir a una artista que ha aprendido a transformar la memoria en lenguaje y la emoción en canción.




Tu música está atravesada por la experiencia migratoria, pero en Inmortal parece haber una mirada menos narrativa y más emocional. ¿En qué momento entendiste que el duelo migratorio también podía ser un lenguaje musical?
Creo que es algo que siempre tuve claro, no solo como un lenguaje musical sino un lenguaje artístico en general. Creo que cualquier proceso (por doloroso que sea y mientras más doloroso más me impulsa a hablarlo) puede canalizarse a través del arte y este es solo uno más de los tantos que me gusta abordar. Mis lenguajes siempre han sido artísticos. Recuerdo que la primera vez que comencé a canalizar todo mi dolor migratorio fue estando en Buenos Aires, actuando en una obra que habla justamente sobre una realidad venezolana muy actual llamada Jazmines en el Lídice.


En Venezuela yo decía que escribía letras sin ritmo, porque siempre me gustó escribir, pero no me imaginaba hacerlo de forma profesional.
En Buenos Aires, comencé a tomármelo más en serio y abordar en letras de canciones mis propias experiencias y esto me permitió ir buscando herramientas para lograr hacerlo de forma más honesta pero también más elocuente.
Sin embargo, creo que más que en el lugar, la clave estuvo en la práctica y en la constancia. Madrid me permitió terminar de abrir las alas y empezar a dedicarme a esto de lleno, entonces la manera de escribir se nutrió de las personas que he conocido, con quienes he trabajado, los temas que ahora me interesan y leo al respecto para tener más mundo al momento de yo traducir lo que siento en mis propias palabras.
En definitiva, creo que lo que más ha cambiado ha sido como hablo de temas que antes no me atrevería a nombrar, porque encontré una seguridad en mi voz y en mi decir que legitimiza mis emociones.
Has vivido en Venezuela, Argentina y ahora Madrid. ¿Cómo ha cambiado tu manera de escribir canciones en cada lugar?
Tu proyecto también convive con tu trabajo como actriz. ¿Qué cosas te permite la música que no te permite la actuación, y viceversa?
La autogestión, la independencia tan maravillosa que tengo de la música donde soy absoluta dueña de mi camino y eso me encanta. Más allá de todo lo que involucra hacer una canción y sacar adelante un proyecto musical, es algo que me pertenece a mi y no dependo de "sís" ajenos. También considero que ambas conviven continuamente porque yo lo encaro así, intento que todas mis presentaciones en vivo y mis videos tengan actuación, tengan performance, tengan drama y comedia. Porque es intrínseco a quien soy, mi lado actriz sigue más vigente que nunca.


Ambas. Yo sigo siendo una artista nueva, que sigue buscando su camino, afianzando su sonido y encontrando paso a paso su público, creo que hay una madurez que se va asentando y una búsqueda que se esclarece sobre qué quiero decir como artista y como quiero que suene mi música. Hay una decisión estética en ir más a la raíz y mezclar de forma más visceral con nuestro folklore latinoamericano pero también he perdido el miedo a mutar, eso sí, sin perder nunca mi acento.
Desde Una fiesta al desorden hasta Inmortal , parece haber una búsqueda más clara hacia lo orgánico y lo íntimo. ¿Ese movimiento responde a una decisión estética consciente o a una necesidad emocional que terminó marcando el sonido?
Sí y no. No quiero romantizar el dolor pero si quiero normalizar un poco más hablar sobre él. Que sea parte de nuestras conversaciones, que genere debate pero sobre todo que genere encuentros. Es mi manera de también buscar hacer comunidad. Esos procesos son bastante difíciles como para vivirlos solos. Creo que en mi música se encuentra un balance entre la nostalgia más desde los "rose color lenses" y una más desde lo profundo y racional.
Muchas de tus canciones trabajan la identidad desde la memoria y no desde la nostalgia. ¿Te interesa evitar una mirada romántica sobre el origen cuando escribes sobre migración?


Estás haciendo música desde Madrid, pero con una identidad muy marcada por lo latinoamericano. ¿Sientes que estás dentro de una escena concreta o que tu proyecto se construye más bien desde un lugar independiente y desplazado?
Creo que hay una escena concreta de la que quiero formar parte. No considero que aún estoy ahí. Pero poco a poco labro mi camino hacía esa dirección.
No creo que la música que hago sea super "mainstream" pero tiene un buen balance como para poder llegar a serlo; de la forma que Silvana Estrada o incluso Amaia lo son. Sí es independiente porque al final esa es la naturaleza del proyecto, pero Madrid me ha abierto muchas puertas dentro de la escena "indie" y siento que voy en el camino correcto.
