El universo editorial de Luis Venegas: de Candy a Fanzine137 y The Intim Mates News Paper

El universo editorial de Luis Venegas: de Candy a Fanzine137 y The Intim Mates News Paper

@byluisvenegas

Entrevista: Luis De Gouveia Sousa

¿Cuál es la primera revista que recuerdas haber comprado o encontrado en tu infancia y qué impacto tuvo en ti?

Siempre había visto revistas en casa desde muy pequeño. En casa de mi abuela, sobre todo, había este tipo de publicaciones, especialmente una española que se llama Pronto: revistas muy baratas de quiosco, casi como un tabloide, centradas en escándalos y romances entre celebrities.

Con el tiempo, la primera revista que recuerdo comprar como algo más especial fue siendo niño. Era una de marzo del 92, o quizá abril o mayo, no lo recuerdo bien, pero yo era muy pequeño. Era una edición de Vanity Fair, tenía una foto de Annie Leibovitz y en la portada aparecía la actriz Goldie Hawn, subida en la trompa de un elefante.

Esa fue la primera revista internacional que compré y de la que tengo conciencia de que marcó un punto de inflexión: a partir de ahí empecé a guardarlas, coleccionarlas y conservarlas.

Luis Venegas lleva más de dos décadas desarrollando una de las trayectorias editoriales más influyentes dentro de la moda y la cultura visual contemporánea. Fundador de proyectos como Candy Magazine, Fanzine137 o The Intim Mates News Paper, su trabajo ha construido un lenguaje visual propio donde conviven moda, cultura queer, fotografía, erotismo y edición independiente.

Desde la aparición de Candy en 2009, mucho antes de que la identidad de género ocupara un espacio habitual dentro de la industria de la moda, Venegas ha desarrollado publicaciones que no solo funcionan como revistas, sino también como archivos culturales y plataformas para nuevas formas de representación. A lo largo de los años ha colaborado con algunos de los nombres más importantes de la fotografía y la moda, manteniendo siempre una mirada profundamente personal sobre el deseo, la imagen y el papel como objeto físico en plena era digital.

En paralelo, proyectos como Fanzine137 marcaron una nueva forma de entender el formato editorial independiente dentro de la moda de principios de los 2000, mezclando referencias underground, fotografía, celebrities, cultura pop y una sensibilidad queer que acabaría definiendo gran parte de su trabajo posterior. Más recientemente, The Intim Mates News Paper explora una dimensión mucho más íntima y directa de la imagen, centrada en el cuerpo masculino, la confianza entre fotógrafo y modelo y una estética alejada de las dinámicas tradicionales de las producciones de moda.

En esta entrevista hablamos con él sobre la memoria del formato impreso, la evolución de la representación queer en la moda, la intimidad en la fotografía, el origen de proyectos como Candy o Fanzine137 y su manera de entender la creación editorial hoy.

En una época donde todo se archiva en la nube, tú sigues confiando en lo físico. ¿Qué tipo de memoria construye el papel frente al flujo digital?

Apuesto por ambas cosas. Yo miro mucho Instagram y estoy muy pendiente de las redes y de lo que pasa. El papel sigue siendo relevante, sobre todo para cierto tipo de público. Antes era la principal vía por la que llegaban la información y las novedades de tendencias de moda y cultura. Pero claro, ahora con internet… llevamos por lo menos 20 años con internet, no es algo nuevo.

Creo que hay una correlación entre el contenido online y el impreso. Las revistas antes eran el motor principal que generaba y movía esa información cultural. Era el formato revista el que marcaba el ritmo, y luego quizá se hacía alguna mención en redes sobre el nuevo número.

Ahora es un poco al revés: la revista se convierte en la excusa para generar contenido que se consume en redes. Cada vez es tan importante el contenido como la comunicación que haces en Instagram y, en menor medida, en Twitter. De hecho, es casi más importante, porque llega a más gente.

El papel funciona como una excusa para mantener una relación más cualitativa, porque perdura en el tiempo. Cuando trabajas con marcas, siguen siendo importantes aspectos como la posición del anuncio: si es la primera doble página, la contraportada… esos posicionamientos siguen teniendo relevancia a nivel de negocio. También lo sigue teniendo que un tema sea portada; los agentes de modelos o celebrities siguen buscando esa visibilidad.

Sigue siendo relevante, aunque quizá le quede una generación y cada vez importe menos ese reflejo en papel. Pero por ahora lo sigue siendo.

A mí, por generación, me nace de forma más natural crear contenidos que luego se materializan en papel. Pero eso no significa que rechace lo digital o que apueste solo por una cosa. Estoy esperando encontrar una revista puramente digital que me seduzca como lo hace el papel. Por ahora no creo que exista; suelen ser reflejos de la edición impresa, y eso también limita un poco. Pero está bien que convivan ambos formatos.

Yo no lo pienso ni lo analizo demasiado. Hago las cosas que me parecen naturales. Siempre creo el contenido que a mí me apetecería ver en una publicación, lo genero yo y me gusta compartirlo con la gente.

Nunca pienso en hacer algo porque vaya a gustar. Tanto el contenido de The Intim Mates News Paper como el de Fanzine137 siempre parte de lo mismo: hacer cosas que me gustan a mí. Cuando hablamos de deseo, para mí son deseos cumplidos.

Me encantaría hacer un tema con cierta persona, y trabajo para que eso suceda. A partir de ahí, se trata de establecer relaciones con personajes concretos. Cuando encuentro un modelo, un creador de contenido o alguien nuevo que me interesa, intento proponerlo sabiendo que puede acabar formando parte de una publicación.

También influye que esas imágenes no se queden archivadas sin más. En general, siempre he planteado mis revistas como proyectos artísticos que encuentran su forma en lo editorial.

Es más fácil entender una revista que otros formatos, como una exposición. La revista es el medio que me permite estructurarlo, y además quiero que tenga un reflejo comercial: que las marcas se anuncien y que el público las compre.

La mejor manera de que un proyecto funcione es que sea profundamente personal. Yo me siento diferente al resto del mundo, pero a la vez comparto intereses, gustos y deseos con mucha gente. Si comunicas bien, eso conecta, y esa conexión hace que la gente quiera formar parte de ello.

Tus proyectos dialogan con una idea de deseo que no es solo sexual, sino también estético y cultural. ¿Cómo entiendes ese deseo hoy?
CANDY apareció cuando la identidad de género aún no estaba integrada en el mainstream. ¿Lo sentías como una anticipación o como una lectura de una realidad ya existente?

No estaba nada reflejado en el mainstream, ni casi en el underground tampoco. Existían pequeñas publicaciones muy minoritarias, cosas de nightclubs, pero no había una representación clara.

Sí que sentía que había algo en el aire, como si eso ya estuviera flotando, pero nadie había identificado las señales ni había decidido trabajarlo. Cuando salió Candy, fue como abrir una puerta para que otros movimientos y publicaciones empezaran a considerar ese universo como algo relevante.

Recuerdo que, poco después del primer número, Riccardo Tisci incluyó a la modelo trans brasileña Lea T en una campaña de Givenchy. En aquel momento fue noticia: una modelo trans en una gran campaña. Hoy ya no lo es, pero entonces sí.

Antes de Candy, ni marcas ni publicaciones apostaban por personas trans o por temas de identidad de género. Existía, pero no se hablaba de ello. En los últimos 15 años ha cambiado muchísimo.

Hubo un momento en el que los pronombres se incorporaron a firmas de email o biografías de redes sociales. Ahora eso ya no es tan necesario, porque hay más comprensión.

Eso no significa que no haya que seguir reivindicando derechos. Hay que seguir trabajando por la igualdad, el reconocimiento y las oportunidades. Pero socialmente hay una mayor comprensión, especialmente en generaciones más jóvenes.

Yo también me lo planteé durante un tiempo. Pensé que si las personas trans o queer ya estaban en todos los medios, quizá ya no hacía falta. Pero una colaboradora de la revista me dijo: “No, porque con Candy estás yendo más allá de mostrar lo que es tendencia ahora”. Y tenía razón.

Siempre incluyo contenidos de cultura trans del pasado, creadores que solo conoce una minoría muy pequeña. Recuperar esas figuras hace que Candy no sea solo un reflejo del presente, sino también un archivo cultural e histórico.

No es solo mostrar lo actual, sino dar un peso histórico y casi antropológico a esas manifestaciones de género.

Además, en Candy no solo aparecen esas personas: también son ellas quienes generan el contenido. Fotógrafos, escritores, estilistas, drag queens… Me interesa que no sea solo poner una cara en portada, sino que haya una implicación real en la creación del proyecto.

Con el discurso sobre identidad ya integrado en el mainstream, ¿qué sentido tiene hoy CANDY para ti?
En un contexto de sobreexposición digital, ¿dónde está el límite entre intimidad y exhibición?

Para mí, cuando alguien está frente a ti desnudo o en ropa interior, y entre ambos se decide qué se va a mostrar y cómo se va a fotografiar, ya existe una intimidad real.

Por eso se llama The Intim Mates News Paper. Creo que se percibe en las imágenes. Suelen ser fotografías hechas entre dos personas: el modelo y el fotógrafo. No es una producción de moda con estilistas o grandes equipos.

Es un diálogo directo. Muchas de las fotos más potentes han surgido de propuestas del propio modelo. Eso solo es posible si existe una confianza real.

Siempre hablo antes con las personas. Si es alguien nuevo, les enseño mi trabajo para que entiendan el contexto. Después de la sesión, hago una selección amplia y se la enseño al modelo antes de publicar nada.

Si hay una imagen que no les gusta, se elimina. Prefiero que todo esté aprobado y consensuado.

Nunca me ha pasado que alguien me pida retirar una foto, pero cuido mucho ese proceso desde el principio hasta el final.

Bueno, supongo que era un poco un ego trip. Al final, hacer un fanzine es reflejar en una publicación tus inquietudes, lo que te gusta, y compartirlo con el mundo.

Tenía ganas de contactar con gente a la que admiro, que formara parte de mi mundo, y yo del suyo. El fanzine fue la excusa para abrir puertas, conectar con esa gente y compartir cosas que me parecían interesantes.

De ahí viene también el concepto de fanzine: alguien que, por ejemplo, le gustan las setas y decide hacer una publicación sobre ello. O alguien que ama los coches y quiere mostrarlos a su manera, desde una mirada editorial propia. Es exactamente eso.

¿Qué necesitabas hacer con Fanzine137 que no encontrabas en otras publicaciones?
Para cerrar, ¿Cómo ves la escena creativa actual en Barcelona?

Desconozco bastante, porque cuando estoy en Barcelona suelo estar en el pueblo donde vive mi familia, en el Vallès, y paso mucho tiempo con ellos. Aun así, veo que en Barcelona suceden cosas. Hay cada vez más locales y creo que lo más interesante sigue pasando a nivel de clubs, música y vida nocturna.

Razzmatazz sigue siendo un centro que genera creatividad cultural. Y también veo, no solo en Barcelona sino en Cataluña en general, una reivindicación de lo catalán desde un punto de vista distinto, veo a este grupo Fades, con una propuesta y una actitud muy potente, muy fresca, y me gusta.

Pero reconozco que estoy un poco desconectado. Descubro fotógrafos nuevos o cosas que van saliendo más bien a través de redes, porque cuando voy a Barcelona estoy bastante desconectado, en el pueblo con mi familia, con mis padres, y allí hay muy poca actividad sociocultural.

Aun así, me llamó la atención algo que vi hace poco. En diciembre, en el pueblo, anunciaban un concierto de órgano en la iglesia, algo que a priori no me interesaba nada. Pero el repertorio estaba centrado en mujeres compositoras a lo largo de la historia, y una de ellas era Wendy Carlos.

Wendy Carlos es una pionera de la música electrónica, que ya en los años 70 mezclaba electrónica con Beethoven, y además es una mujer trans. Me pareció muy significativo que en un pueblo así decidieran incluirla en el repertorio.

Me hizo pensar que algo está funcionando bien. Que incluso en contextos que no pretenden ser vanguardia, hay gente trabajando desde instituciones culturales para incluir este tipo de referentes. Eso me da cierta confianza en que el progreso va hacia adelante

Para mí es un impulso natural. Igual que, por ejemplo, un fotógrafo como Helmut Newton admiraba un tipo de mujer poderosa y fotografiaba aquello que le atraía, en mi caso es algo parecido.

No lo pienso demasiado. Sé que todo lo que hacemos tiene una repercusión y una lectura política, pero nunca me planteo hacer algo como una reivindicación en ese sentido. Yo hago lo que me resulta natural, lo que me parece agradable, apetecible y excitante en todos los sentidos, tanto en The Intim Mates News Paper como en Candy.

Cuando hice Candy, sí que imaginaba que podía tener cierta repercusión social, que generara un pequeño cambio en la percepción del tema de género, sobre todo en publicaciones de moda. Pero nunca lo abordé desde una intención política. Ya existían otras publicaciones con una vocación más reivindicativa.

Para mí, en mi mundo, estos temas están bastante normalizados. No los vivo desde la vergüenza ni desde el conflicto; simplemente forman parte de mi manera de entender las cosas.

Entiendo que otras personas puedan interpretarlo como un statement político. Si se percibe así, me parece bien. Mientras funcione como proyecto, tanto a nivel profesional como comercial, y a la vez genere cierta conciencia, perfecto.

Pero las reacciones que pueda generar mi trabajo ya escapan de mi control. Cada uno es libre de interpretarlo como quiera.

A lo largo de tu trayectoria has explorado el homoerotismo de forma muy natural. ¿Lo ves como un acto político de visibilidad o simplemente como la representación estética?