Desde Granada al club: los sonidos de 8kitoo

Desde Granada al club: los sonidos de 8kitoo

@8ki.lat

Entrevista: Luis De Gouveia Sousa, Joana Fornós

Fotos: Andrea Carilla

Desde 2023 hasta hoy, has estado más apartado del foco mediático. ¿Cómo has vivido todo ese tiempo lejos de las entrevistas y qué lugar ha ocupado la música en ese silencio?, ¿Cómo definirías tu sonido hoy, después de varios años experimentando entre electrónica, urbano y club?

La verdad que en este tiempo (que reconozco no ha sido nada fácil), he podido conectar más con mi proyecto y encontrado una forma más sana y conectada de escuchar y compartir la música. Ahora mi sonido esta más ordenaíco diría yo, con más sentido y más narrativa. Es desde 2023 cuando empiezo a tener espacio para poner música más allá del club.

Lo cual por un lado está sacando una parte preciosa y sincera mía y por otro me cierra algunas puertas al no estar definido en los cánones. Quizá ya lo hacía antes pero en este tiempo lo he ubicado más.

Sigo tonteando con un montón de movidas distintas pero las ubico dependiendo del set/setting y tambien con time and place, porque aunque sea parte de mi naturaleza molestar, estos años también me he dado cuenta que complacer también siempre lo fue.

8kitoo, es un DJ y productor granadino que ha ido construyendo su camino entre la electrónica, el pop deconstruido y los sonidos de club más experimentales. Desde sus primeros pasos en Granada, ha sido parte de la escena underground, colaborando con colectivos y artistas como Chico Blanco y Acidheaven, y participando en espacios clave del circuito español. Su trayectoria se caracteriza por la curiosidad constante, la experimentación y la búsqueda de una relación profunda con la música, más allá de géneros y etiquetas.

Después de un tiempo fuera del foco, 8kitoo vuelve desde un lugar distinto. No tanto como “regreso”, sino como alguien que ha necesitado parar, reordenar y volver a escuchar(se) con calma. En estos años, su relación con la música ha cambiado: menos ruido, más intuición, más espacio para entender qué quiere hacer y desde dónde hacerlo.

Lejos de intentar definirse, su práctica sigue moviéndose entre extremos: lo emocional y lo físico, el caos y cierta búsqueda de narrativa, el club y otros contextos donde la escucha se abre. Sus sets, más pensados pero igual de imprevisibles, funcionan como una especie de diario en directo, donde conviven referencias imposibles, momentos de humor, incomodidad y también cuidado.

Hablamos con él sobre ese parón, sobre Mareo y todo lo que implicó crecer tan rápido dentro de una escena, sobre el error como lenguaje y sobre cómo sostener un proyecto propio en un entorno cada vez más acelerado. También sobre lo que viene: nuevas residencias, colaboraciones y, por fin, el impulso de empezar a hacer música desde otro lugar.

En tus sesiones conviven energía cruda y momentos de mucha sensibilidad. ¿Cómo dialogan esas dos dimensiones cuando construyes un set y qué dicen de tu manera de estar en el mundo?, ¿Qué artistas, escenas o sonidos te están influyendo últimamente?

La verdad es que sigo echándome una cantidad ingente de música en mi pendrive y lo termino de hilar todo en directo.

Sí que en esta última época he podido practicar un poco más de guion en mis sesiones, pero bueno, al final la intuición siempre me guía: una de cal, otra de arena; una de ritmo y otra de melodía… vuelta y vuelta y vuelta a empezar.

El pop y yo llevamos una relación bastante estable ahora mismo. Sigo reivindicando a través de ella y también sigo mi relación con la musiquilla de nicho; las tres hacemos buena trieja, I guess… Con las selecciones y mezclas que hago puedo expresar cosas que, al haber sido educado como hombre, aún estoy aprendiendo a expresar con palabras.

Hay desconformidad, hay nostalgia, hay ganas de vivir, hay todo lo contrario. Hay declaraciones de intenciones; cuento la lucha en la que esté metido en ese momento y me hago terapia poniendo básicamente lo que he escuchado en mi intimidad esos días. Entiendo a les selectores que separan lo que escuchan de lo que puede encajar in the room, pero aquí no es el caso.

Algunos de los artistas y escenas que me vienen ahorita, pues sigue siendo el batiburrillo… No sé, por ejemplo la No Wave y el Avant-Prog de finales de los 80, el tecnopop, el bakalao, Lady Packa y toda la escena andaluza (Natural Language, Nix…), DJ Detweiler, Tamara, Austrohúngaro, LaFrancesssa, Andrea Carilla y sus fotos de escándalo, Hifas Studio, mis hermanis y su sonikei de club minimalouso tribalero como Acidheaven, Juguete, Albal, La Intuición, etc. La Rebe… Senda Fatal y sus senderos posibles, Brava, mi Meritxell de Soto y su multidisciplinariedad, Le Mans y todo lo que hicieron antes y después, Chico Blanco y su disco nuevo… la generación meteoro que está allá todos los findes, Simulacro, MEL, Mainline, Malibú y su United In Flames, Opi Melissa, Tes Rosmeri, Banda Ancha, mi roomie Nil, que es un pedazo de selecta de roots, y la gente que resiste en sus escenas locales… de to amore yatusai… ¡Me dejo cosas seguro!

El colectivo de Mareo ha significado para muchas personas una forma distinta de entender el club en la escena de Granada. ¿Cómo nace MAREO y qué visión compartes con Chico Blanco, Acidheaven y tú dentro del colectivo?, ¿Qué lugar ocupa ahora en tu vida y en tu manera de crear o compartir música?

Pues nace de la amistad. Hace casi 10 años. Nuestra amistad empezó antes que el proyecto. Yo no tenía mucha idea, pero él (Chico Blanco) decidió compartir mucho su camino musical conmigo, y yo aportaba la visión y el acompañamiento.

Fue darle un background a todo lo que estaba por decir. Que no se quedara solo en “el artista que trae un sonido nuevo y ya está”, sino en construir algo alrededor, juntar a gente, cambiar cosas. Teníamos un montón de amigos haciendo cosas chulas, primero en Granada y luego fuera. Había un momento en que todo el mundo estaba viviendo su proceso, su camino, y ahora es cuando estoy disfrutando de la música que saca toda esa gente. Antes no me daba tiempo ni a creerme lo que estábamos haciendo.

También este parón me ha servido para disfrutar de lo que hemos hecho nosotros y de lo que se ha generado alrededor en la escena. Hubo un momento en el que, entre hacer música, escucharla y divulgarla, la cabeza se me quedó plana. Cuando escuchas tanto o haces tanto, llega un punto en que todo se vuelve repetitivo y te bloqueas, no eres capaz ni de mover los discos ni de hablar de ellos. Ahora siento que estoy recuperando eso.

Con Pablo comparto una amistad muy bonita y muy de verdad. Cuando compartes curro, visión y tantas cosas, hay muchos cortocircuitos. Ahora cada uno está también en su camino y, cuando nos juntamos, siento que nuestra amistad está más reforzada. Lo veo en un momento sano, sin pretensión de tener que hacer algo concreto. Llevar un colectivo y una plataforma requiere muchísimo tiempo, organización y encajar muchas piezas. Y si no tenemos ganas de jugar o de hacerlo, no tiene sentido forzarlo. Si tiene que volver a juntarse, ya se juntará.

La visión que compartimos va más allá de lo sonoro o de la tendencia. Aunque tengamos gustos distintos, se junta en el cuidado, en cómo comprendemos el mundo. Eso ha trascendido. Pero si que si hay un denominador común entre Pablo, Natalia (Acidheaven) Buganvilia, toda la gente que ha pasado y yo es las ganas de juntar a todes les niñes perdides y nuestro amor incondicional por el House.

Recuerdo un momento clave. Tocamos con Chico Blanco en el Palacio de Congresos de Granada, al aire libre, delante de miles de personas. Vinieron mis padres, mi hermana, todo el mundo. Y luego esa misma noche fuimos a Planta Baja, que es donde empezamos. Era la primera vez que hacíamos una fiesta casi sin anunciar nada, porque estábamos tan saturados de trabajo que todo era caótico, pero fluido.

Un colega me escribió esa semana. Tenía unos amigos británicos que estaban grabando un disco en Granada, y me dijo: “¿Y si les digo que pinchen en tu fiesta?”. Era además el día de mi cumpleaños. Vinieron al final, pero ni lo anunciamos. Mucha gente luego nos dijo: “¿Cómo que han estado Two Shell y no habéis dicho nada?”. Y era como… no sé, nos salía así, sin hype, desde algo más familiar.

Esa noche, después del concierto grande, puse una hora de música nuestra, mezclas muy locas. Uno de ellos me dijo: “Qué fuerte que hayas puesto esto para toda la ciudad, al aire libre, en primavera”. Fue un momento muy bonito. Pero también me preguntó algo que me dejó tocado: “¿Y todo esto para qué? ¿Por qué lo estás haciendo?”.

Yo ya estaba mal en ese momento, muy saturado, y esa pregunta me atravesó. Fue como: es verdad, ¿para qué estamos haciendo esto? ¿Qué es lo siguiente? Sentí que estaba buscando una satisfacción que nunca terminaba de llegar. Cuando todo empezó, era porque no teníamos un espacio y queríamos compartir algo con nuestra gente, crear un lugar donde venir, escucharnos. Algo muy honesto. Y de repente todo había crecido muchísimo.

Después de ir tan fuerte y ver lo difícil que es sostener esto, me empecé a preguntar por qué seguir, qué historia quiero contar, qué espacio estoy ocupando con mi discurso y con mi presencia poniendo música. No quiero hacer una marca sin más para vender, cuando ni siquiera estoy movido por el dinero, bueno claro que sí, hay que comer… pero not at all cost prefiero un curro de lunes a viernes y dedicarle a esto desde la serenidad.-

¿Cómo se gestiona el equilibrio entre mantener una identidad colectiva fuerte y, al mismo tiempo, desarrollar un discurso personal como artista? ¿Alguna vez sentiste tensión entre ambas cosas?

Viéndolo con el tiempo, también hay mucho aprendizaje. Te das cuenta de errores cuando pasa el tiempo y eso te ayuda a tratar las cosas con más mano izquierda y más cuidado de cara al futuro. No siento miedo cuando pienso en el pasado; siento más miedo en el presente, en lo inmediato, en lo que está pasando ahora.

Claro que pudo afectar tanto a nivel personal como colectivo. Siempre hemos sido muy receptivos, buscando el bien común, pero luego te das cuenta de cómo lo que tú estás viviendo en un momento influye en los demás. Ahora lo veo y hasta me hace gracia. En su momento generó dudas, inseguridades, pero también forma parte del proceso.

Sobre mis sets y la importancia del error o la duda cuando estoy pinchando: en parte mi identidad se ha construido a través del error, del caos, de la aceptación, de la guasa, de quitarle hierro (y a veces también de ponérselo). No es una música súper técnica más allá del ritmo interno, y eso me ha permitido fallar. En directo te das cuenta de ese ilusionismo: no es lo mismo cómo lo ves tú en cabina que cómo se vive fuera.

He pinchado en muchas salas pequeñas, creando momentos muy míos, y también viendo en el público reacciones incómodas, gente que no conecta. Y lo he entendido como un juego. Para mí es divertido. Es como convivir entre dos lados: el lado técnico, más rígido, que te dice lo que se puede o no se puede hacer, y el otro lado que te da libertad para hacerlo como te dé la gana. Me gusta escuchar a los dos.

No hay peor cuñado que esa voz interna que te dice: “No puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro”. Muchas veces el prejuicio más fuerte es el que tienes dentro. He visto, y me ha pasado, hacer una mala mezcla y sentir que tienes que pedir perdón al público. Y eso corta todo el rollo. A veces un error provoca cosas raras, difíciles de entender; otras veces no provoca nada. Y no pasa nada.

También tiene que ver con la validación. Este es un arte para compartir, claro, pero lo más importante para mí es que la primera persona que esté disfrutando sea yo. Soy la número uno escuchándome en ese momento. Por eso muchas veces me grabo y luego me escucho. Muchas mezclas las he revivido después más que ensayarlas antes. Y eso me ha dado la energía para disfrutarlas tanto en directo: sentir la música de verdad.

Llevo fatal lo de las redes sociales. Me ha matado incluso la capacidad de comunicarme muchas veces, sobre todo con mi gente y con la escena. Tengo un público que, en realidad, es el mismo con el que comparto cosas y que también me influye a mí. Siento mi relación con los demás bastante recíproca en ese sentido; no me veo como “artista” manejando ese tipo de exposición. Cada vez tengo menos idea de cómo hacerlo.

Sí tengo un problema con el algoritmo, con el sistema, con la mercantilización de todo, con que todo se convierta en vídeos de un minuto quitándole contexto a las cosas y volviendo todo plano. No es solo algo personal, es un problema estructural, del imaginario que se crea ahí. Hay artistas que lo llevan súper bien, como toda la vida, y está perfecto.. Pero yo me quejo de eso y luego me veo perdiendo tres horas enganchado, sin poder controlar el cuerpo, viendo tonterías porque el algoritmo sabe exactamente lo que me gusta y me lo pone delante.

¿Entonces cómo me llevo con eso? Pues como puedo. Me ha generado, de repente, una especie de pudor, de no querer contar tanto de mí por ahí, de no saber cómo comunicarme en ese espacio. A veces pienso: ¿para qué voy a meter más datos ahí? ¿Para qué exponer algo que igual a la gente le da igual porque tiene mil cosas que hacer? La sensación es rara. También genera desarraigo y una especie de falso compromiso: hacer cosas “para la gente”, pero sin un compromiso real.

Yo nunca he sido muy de networking ni de estar forzando presencia. Mi política siempre ha sido: donde me llaman, voy. Si de verdad te intereso, me llamarás para un bolo o para una entrevista. Tener que estar ‘’pick me’’ todo el rato… no puedo. Es que no quiero.

Pero a veces el propio cuerpo te traiciona. No estoy muy de acuerdo con cómo funciona el mundo y, aun así, todo pasa por ahí. Si no estás, parece que te olvidan, y eso da pena. Por eso intento, cada vez más, un pequeño éxodo digital, al menos en lo personal. Compartir las cosas que escucho o que me influyen más desde mi círculo cercano, desde mi gente.

Esa es un poco mi relación con todo esto. Y, a nivel personal, cada vez me da más igual.

La música electrónica convive hoy con dinámicas de exposición constante y productividad. ¿Cómo te relacionas tú con esa presión y qué estrategias usas para proteger tu manera de crear?

Pues mira, estoy llegando un poco tarde, como siempre. Mi gestión del tiempo es bastante nula; el tiempo para mí es algo relativo. Justo estoy pinchando con Chica Acosta hoy, con mi amiga Moni, que es lo más. Ella también me dijo que llegaba un poco tarde, así que perfecto, no hemos preparado nada.

Hicimos una sesión el miércoles, nos pusimos al día, mezclamos un montón de cosas súper ligeras y dijimos: venga, vamos a abrir esto, vamos a hacer un diálogo. Tengo muchas ganas del día de hoy. Estar aquí me pone muy feliz. Me he quedado también un tiempo aquí de voluntario, lo curré mucho con ellas y siempre que estoy aquí tengo una sensación muy buena. Canino es pura alegría, me da la vida. Estoy en un momento de disfrutar este tipo de planes y me da todo.

Ahora, aparte de mi residencia en Canino, tengo una residencia en Madrid, en CORE, un club donde voy a curar una noche cada tres meses más o menos. Pincho yo e invito a quien quiera: amigas o gente con la que ya tengo conexión y me gusta lo que hacen. E intentando traer algo fresco, disruptivo pero bailongo, ya que la escena en Madrid está ahora mismo super competente. La ultima fue el 6 de marzo, Viernes, me gusta salir los viernes, y luego habrá otra en mayo. Y si va bien, pues habrá más.

El 10 de Abril en el CCCB en una muy muy especial haciendo una ceremonia de apertura para <3sor, esta noche en concreto estará dedicada a la intersección del Bass. Este finde pasado tuve el placer de celebrar el primer aniversario de Sesiones Duende ( unes amigues que retoman nuestro testigo en Granada y lo hacen con mucho cariño) pinchando en el Planta Baja con mi queridísima Brava, hicimos un b2b de escándalo y fue precioso poner trackazos y toastear junto a ella y toda mi gente original, ella siempre me upliftea, y ahora siento todo el power para retomar el micro y soltarlo to en fechas como la de <3OR.

También, este año, justo cuando cumplí 27, dije: con 27 voy a hacer música, pase lo que pase. Me lo debo desde hace muchos años. Tengo muchas ganas de ponerme de verdad. En realidad nunca he producido del todo solo; siempre ha sido con amigos que me ayudaban. Ahora estoy quedando para componer con otra gente, con amigas, y estoy dedicando mucho tiempo a hacer música y a disfrutar el proceso. No quiero pensar demasiado en el resultado, sino en la forma, en lo que salga. Y eso me está llenando mucho.

Para cerrar, nos gustaría preguntarte ¿Hay algún lanzamiento, track o proyecto próximo que te motive especialmente y que puedas adelantar, aunque sea a grandes rasgos? Y por cierto, ¿Cómo te preparas para este DJ set en el aniversario de Canino?