coolkid2000: mákina valenciana, vocaloid y BPMs emocionales

coolkid2000: mákina valenciana, vocaloid y BPMs emocionales

@COOLKID2000

Entrevista: Joana Fornós

Fotos: FK.FKS.FK

Para quien escucha tu nombre por primera vez: ¿quién es COOLKID2000 y en qué momento decides que quieres expresarte a través del sonido?

Coolkid2000 es un poco el personaje que siempre he querido ser, pero que tal vez siempre he sido de muchas maneras, tanto físicamente como en internet. Para mí es una forma de explorar muchas cosas: el sonido, quién soy, qué me gusta, cómo me quiero comunicar y expresar.

El nombre nació cuando estaba buscando un nombre de DJ. Yo tenía claro que quería que sonara como un username de internet, de un blog o de una cuenta de Twitter o Instagram, y por eso quería que tuviera números. Hice una encuesta entre amigues con varios nombres y uno de ellos era “Cool Kid 2000”, inspirado en un meme que hablaba de los cool kids de los 2000, con toda esa estética de pelo tipo Justin Bieber, pantalones cargo, camisetas de Beyblade o Hot Wheels. Al final todo el mundo votó ese nombre.Lo más fuerte es que después me di cuenta de que ya tenía tatuada la frase “Cool Kid” en una lápida. Ni me acordaba del tatuaje. Me lo había hecho años antes, un poco random, cuando un amigo empezó a tatuar. Pero luego entendí que en realidad tenía mucho sentido: para mí ese tatuaje era como matar la frustración de haber querido siempre ser parte de los “cool kids” y sentir muchas veces que no podía encajar ahí.
Y el “2000” viene tanto por la música que hago y pongo, muy influenciada por los 2000, como por ser la época en la que empecé a moverme mucho más por internet y descubrir un montón de cosas.

Con la música siempre he tenido una relación muy fuerte. Desde pequeño iba a clases de música y aprendía teoría e instrumentos, algo muy típico en los pueblos de Valencia por toda la tradición de bandas musicales. En mi casa además siempre sonaba música. Mis padres ponían música todos los días y yo también estaba constantemente escuchando cosas. Me acuerdo perfectamente de jugar con Legos mientras sonaba SKA-P y después poner la radio y escuchar música mákina.

También tuve mucha influencia alemana por parte de mi padre. Cuando iba a Alemania veía programas musicales, compraba CDs y descubrí muchísimo eurodance y eurobeat. Me pasaba horas escuchando discos, viendo canales de música y obsesionándome con canciones. Más adelante internet y YouTube fueron súper importantes para mí. Ahí empecé a descubrir muchísimos géneros relacionados también con el anime y la cultura online: visual kei, heavy metal sinfónico, Vocaloid, nightcore… Todo eso acabó construyendo muchísimo mi imaginario y mi manera de entender la música.

Al final la música siempre ha sido lo más importante de mi vida. No concibo vivir sin ella. Y además ha sido una herramienta súper importante para socializar y encontrar gente con la que conectar. Desde la adolescencia hasta ahora, muchas de mis amistades y relaciones han nacido compartiendo música y hablando de música.

La primera vez que probablemente vi pinchar a Coolkid2000, fue en una de las conocidas B2B parties (seguramente en el espacio del Pumarejo o en la nave de FOC).
Siempre he observado y pensado desde el primer momento que Aitan (aquí, Coolkid2000) era un artista diferente, singular, muy auténtico y que guardaba un imaginario lleno de un mix de referencias fascinantes. Pues estaba en lo cierto.

Coolkid2000 surge desde un cruce poco habitual pero profundamente coherente: la Valencia del makina y la ruta, la Benidorm de los 2000, y una adolescencia atravesada por internet, el anime y las estéticas del exceso digital. Su imaginario no se construye desde un solo género, sino desde la fricción constante entre escenas periféricas, culturas de club y mundos virtuales que se expanden en foros, YouTube y BPMs acelerados.

Su relación con la música es física antes que conceptual. No habla de escuchar, sino de atravesar estados, de entrar en dinámicas casi corporales donde el sonido se vuelve presión, emoción y descarga. En sus sets, el club deja de ser un espacio lineal para convertirse en una secuencia de rupturas: del makina al nightcore, del trance al hyperpop, de la nostalgia de la ruta a la hiperconexión digital.

Lejos de la idea de la pista como superficie uniforme, propone el DJ set como un territorio de experimentación radical, donde conviven lo incómodo, lo extremo y lo emocional. La mezcla no busca equilibrio, sino choque: contrastes que abren otros estados posibles dentro del mismo espacio. En ese recorrido aparecen referencias que funcionan más como ecos que como genealogía cerrada: el imaginario del Vocaloid, la cultura del anime, la escena valenciana del bacalao, el hyperpop de ruptura y una forma de entender la música donde todo puede convertirse en material sonoro.

Hemos tenido la suerte de sentarnos con Aitan a charlar, en lo que es oficialmente su primera entrevista como artista, y me ha dejado maravillada de todo lo que he aprendido.

Tu sonido mezcla makina, trance, nightcore… géneros que durante mucho tiempo se han considerado periféricos o incluso “mal vistos”. ¿Qué te atrae de ellos y qué encuentras ahí que no está en otros lugares?

Sí, para mí hay tres géneros que son como los principales, aunque evidentemente escucho y exploro muchísima música en general, también en mis sets. Pero siempre los defino así porque los asocio mucho a tres momentos vitales de mi vida: el makina, el nightcore y el trance. La música makina viene totalmente de donde vengo.

Crecer en Benidorm a finales de los 90 y 2000 es estar rodeada de todo lo que es la ruta, el post-bacalao y una ciudad muy de fiesta, donde prácticamente todo gira en torno a salir. También en los 2000 y 2010 había muchísimo reggaetón en todos los sitios, aunque no lo incluyo tanto dentro de mi imaginario sonoro principal, pero sí le tengo cariño porque es lo que sonaba constantemente en esa época. Además, en Benidorm pasaba literalmente cada día por la carretera de las discotecas, con sitios como Penélope o el Ku, y todo eso es una influencia enorme. Para mí el makina es el primer pilar, el primer contacto con esa energía.

El segundo momento es el nightcore, que llega cuando empiezo a estar mucho más dentro de internet. Ahí también entra muy fuerte el Vocaloid, que para mí es clave. Aunque nightcore y Vocaloid no tengan tanto que ver en sí, sí comparten ese imaginario de voces muy agudas y esa estética muy específica. El Vocaloid me parece importante porque no es solo música: es un sintetizador de voz con el que se crean personajes, como cantantes virtuales. Es un proceso muy técnico pero también muy creativo, donde cada parte se hace por separado: alguien escribe la letra, otra persona la música, otra el videoclip, otra el diseño del personaje… y todo eso genera una comunidad muy fuerte. El nightcore, por su parte, es música de internet, muy de YouTube, que bebe mucho de ese universo del anime y del Vocaloid. Básicamente consiste en acelerar temas y agudizar las voces, y eso ha influido directamente en cómo pincho hoy: BPMs muy altos, voces agudas y esa energía constante. Y

Luego estaría el trance, que ya es la etapa más actual, más de adultez. Para mí el trance conecta todas las etapas anteriores: el makina, el nightcore y todo lo que vino después, pero también abre otro universo. El trance de los 2000 estaba muy ligado al Eurobeat y a toda esa música más de Benidorm y de la ruta. Pero el trance actual, el de SoundCloud y el que yo escucho ahora, es más emocional, más épico, a veces casi sinfónico: puede ir de lo muy lento a lo muy rápido, de lo ambient a lo muy heavy, y tiene esos cambios constantes. Me gusta porque une todo: conecta extremos, pasa de momentos muy suaves a otros muy intensos, y luego vuelve a bajar. Es como una especie de recorrido emocional constante.

Al final, para mí es eso: del pasado al presente, del makina al internet core, y del internet a lo actual. Una forma de unir todas esas influencias extremas en un mismo imaginario.

Tus sets tienen algo muy emocional pero también muy físico, casi extremo en BPM. ¿Cómo construyes ese equilibrio entre intensidad y sensibilidad cuando pinchas?

Para mí, desde que empecé a pinchar, lo primero que siempre tengo en mente es contar una historia. Que la gente pueda pasar por diferentes estados emocionales dentro de un set, como atravesar momentos muy distintos, no quedarse en un solo lugar. También lo vivo mucho desde lo físico. O sea, para mí la música es muy corporal. Hay tracks que literalmente te hacen algo en el cerebro, como esa sensación de “cosquillas en la cabeza”. Es muy fuerte, no es solo escucharla, es experimentarla. Y en un club esto se amplifica muchísimo: un buen sistema de sonido, especialmente los bombos, hace que no solo lo escuches, sino que lo sientas en el cuerpo.

Por eso me interesa tanto crear esa experiencia. Pero para que funcione, tienes que jugar con los contrastes: momentos muy heavy con otros mucho más soft, para que cada cambio tenga sentido y lo puedas realmente sentir. Si todo es demasiado intenso, te saturas, porque al final no lo estás solo escuchando, lo estás viviendo físicamente. No me interesa nada la monotonía. Nunca me ha funcionado. Sé que en otros contextos puede tener sentido, pero para mí no. Me gusta más el contraste, ir de lo muy suave a lo muy intenso, y volver a bajar. Y también hay mucho de improvisación en eso: qué pasa si pongo esto, si mezclo esto otro, si cambio el orden. Pero siempre hay un factor clave: el público. O sea, también piensas constantemente en cómo puede reaccionar la gente, cómo va a responder a cada decisión.

Aunque ahora mismo mi manera de pinchar ha cambiado bastante, y no se trata tanto de “hacer bailar” al público, sino más de experimentar con la herramienta. Me interesa mucho más la parte técnica y creativa: el equipo, las máquinas, los CDJs, entender qué hace cada cosa y llevarlo más allá. Ya no es solo pinchar tracks, sino jugar con capas: el bajo de uno, las voces de otro, la melodía de otro… y ver qué pasa cuando todo eso se junta. Para mí eso es lo más interesante, aunque no siempre esté pensado directamente para la pista, sino para la exploración. A mí lo que me interesa precisamente es eso: crear reacciones, mover estados, jugar con los extremos y seguir explorando sin quedarme en un solo formato.

Formas parte de una escena muy concreta en Barcelona, vinculada a colectivos como Me Siento Extraña y La Penca Radio, que apuestan por lo colectivo, lo queer y lo no hegemónico. ¿Qué cosas sientes que todavía faltan o deberían cambiar dentro del clubbing?

Para mí es un tema bastante fuerte. En mi experiencia, creo que falta mucha apuesta por lo raro, por lo extremo y por otros géneros. Falta confianza en este tipo de propuestas. Son muy pocos los espacios y las personas, también dentro del mundo del booking, que realmente apuestan por esto o lo entienden como algo que necesita su propio espacio. Sí que hay interés dentro del circuito más cercano o underground, pero cuando lo llevas un poco más hacia lo mainstream, sigue faltando esa confianza en artistas que estamos jugando y experimentando con otros sonidos. Y para mí eso es clave: tomar en serio estas propuestas, porque somos artistas igual de válidos, no valemos menos.

Desde la perspectiva de quien hace booking en clubs, a veces existe la duda de “esto la gente no lo va a aceptar”, especialmente con cosas como el nightcore o géneros más extremos. Pero en mi experiencia el público es mucho más receptivo de lo que se piensa. Hoy en día vivimos en un mundo hiperconectado, la gente ya ha escuchado este tipo de sonidos, no es algo tan nuevo como se cree. Y además, muchas veces son sets de una hora, no es algo tan radical o inaccesible. También creo que los bookers deberían salir un poco de esa idea y mirar más lo que está pasando en el under, porque cuando esto sucede, la reacción del público suele ser muy positiva: gente que dice que nunca había escuchado algo así en una fiesta y que le encanta, que ojalá hubiera más cosas de este tipo. Al mismo tiempo, creo que está cambiando algo importante en la escena.

Los colectivos y artistas están empezando a tomar un rol más activo: organizan fiestas, encuentros de escucha, colaboran más con espacios y participan también en la programación. Eso hace que la escena se mueva desde dentro. Es un trabajo grande y a veces quita tiempo a la creación propia, pero también es muy positivo porque te permite formar parte activa de los espacios físicos y de cómo se construyen esas experiencias. Y al final eso hace que todo se retroalimente y que se generen más oportunidades para este tipo de propuestas.

O sea, para mí todo está muy mezclado, pero mis referencias principales vienen mucho de haber sido otaku en la adolescencia. y en realidad sigo siéndolo. Todo el universo del anime, los mundos de fantasía y los imaginarios muy extremos han construido mucho de lo que soy y de este personaje. Dentro de todo eso, una de mis grandes influencias es Vocaloid. Vocaloid me influye tanto a nivel sonoro como a nivel de imaginario y de forma de hacer las cosas. Al no haber un cantante humano como figura principal, sino un sintetizador de voz y personajes como Hatsune Miku, se abre la posibilidad de crear universos enteros alrededor de eso. Puedes cambiarlo todo: el traje, la estética, el contexto… y eso hace que el personaje sea como un contenedor totalmente flexible. Eso genera también una parte muy comunitaria, donde distintas personas aportan cosas: una hace la música, otra las letras, otra el videoclip, otra el diseño del personaje… y al final se construye una canción que es todo un universo completo. Es muy cinematográfico, y me interesa mucho esa idea de que la música no es solo sonido, sino también imagen, narrativa y mundo. Es totalmente multidisciplinar, y eso para mí es clave.

También, evidentemente, viene todo el contexto del makina, el bacalao y de donde vengo, que sigue siendo una base importante. Y hoy en día también me interesa mucho el hyperpop, porque conecta toda esa energía de internet con algo más actual. Dentro de eso, Sophie es una referencia muy importante para mí, porque representa justo esa idea de ir más allá con el sonido, de explorar, de romper límites. Siento que si siguiera viva, la música sería diferente hoy en día, porque ya cambió muchas cosas. Para mí fue alguien muy influyente en cómo entender la música como experimentación.

Y luego también el ambient es otro extremo muy importante. Me interesa mucho ese contraste. En ese sentido, el proyecto de Malibu, antes dj lostboi, belmont girl, y los tracks de soundcloud de Oklou cuando era avril23, me parece muy interesante porque trabaja mucho con samples, mezclando cosas muy distintas, desde rap o trap hasta ambientes mucho más suaves. Al final, lo que me interesa de todo esto es esa mezcla entre cosas que aparentemente no tienen nada que ver, pero que juntas funcionan y crean algo completamente distinto.

Hay una estética muy marcada en lo que haces (desde lo sonoro hasta lo digital, lo “internet-core”, lo acelerado…) ¿Qué referencias (musicales o no) han construido tu universo?

Diría tres momentos, aunque me vienen muchos a la cabeza. Los ordenaría cronológicamente porque también son bastante actuales para mí. El primero fue cuando vi pinchar a Sofy Suars en Me Siento Extraña, en Upload. Yo recién había empezado a pinchar, llevaba menos de un año. Me impactó muchísimo la energía que tenía, además de la selección de tracks. Pero sobre todo el ambiente que se generó: todo el mundo estaba completamente entregado, como en shock. Ahí entendí de verdad que con la música se puede crear algo mucho más grande que simplemente escuchar canciones. No era “ver a alguien pinchar”, era vivir otra cosa. Eso me marcó mucho.

El segundo momento sería en Meteoro, cuando participé en un evento con Sylphia. Poder formar parte de todo el proceso, desde la organización hasta el decorado, y hacerlo con amigues, fue muy importante. También ver a gente de mi entorno pinchando o haciendo lives en ese contexto fue muy especial. Y en mi propio set fue un punto de inflexión. Sentí que podía hacer lo que quisiera, sin tanta presión. Como que dije: “esto soy yo”. Y como sabía que el público estaba abierto a eso, me lancé a poner cosas más extremas. La reacción fue muy buena, la gente estaba súper arriba, y eso me confirmó que también hay espacio para esto.

El tercer momento fue el aniversario de Meteoro, viendo pinchar a Bobby Beethoven y SUUTOO. Fue increíble. Estaban con cuatro CDJs, haciendo literalmente lo que querían: loops, fragmentos de tracks, efectos… una forma de pinchar muy libre, muy cercana a lo que a mí me gustaría hacer. Era muy inspirador porque todo fluía perfectamente, pero a la vez era súper experimental. Me quedaba mirando todo el rato intentando entender qué estaban haciendo en cada momento. Me pareció una forma de pinchar muy avanzada, muy creativa.

Y por último, mencionaría un Boiler Room de Rosa Pistola de 2011. Hay una parte en la que utilizan un sample de Vocaloid mezclado con reggaetón, y me parece una locura. Es como ver mundos que no deberían encajar funcionando perfectamente juntos. Para mí ese set es muy importante por eso: por esa mezcla imposible que al final tiene todo el sentido.

¿Hay algún momento en un set (tuyo o de otrxs) que para ti defina por qué vale la pena estar en una pista de baile?
Si esta es la primera vez que mucha gente va a descubrirte: ¿qué te gustaría que sintieran después de escucharte por primera vez?

Para mí lo más importante, lo más importante de todo, y en general en todo lo que hago, tanto en el dibujo como ahora empezando a publicar lo que produzco, es que la gente sienta cosas. Que realmente sienta cosas, pero de forma extrema: que se vaya de viaje, que pase por estados muy distintos, incluso a veces incomodidad. Que lo viva todo. Porque al final, para mí la música es algo muy físico. Es casi animal también, en el sentido más humano de lo animal. Y hay algo ahí que me parece increíble.

También pienso mucho en que la música es el único arte que no necesita realmente un medio para existir. O sea, cualquier sonido puede ser música. No depende de un objeto concreto como el dibujo, el cine o la fotografía. La música existe por sí sola, es algo muy directo, muy inmediato, muy presente en nuestro día a día. No sé si diría “puro”, pero sí algo muy esencial, muy primario. Y justo por eso es tan fuerte para mí. Porque es algo que existe de forma tan directa que quiero que la gente pueda sentir lo mismo que yo siento. Aunque sea cinco minutos, una hora o cinco segundos. Me da igual el tiempo. Lo importante es que lo vivan.

Porque para mí la música es lo único que realmente me hace sentir que la vida merece un poco la pena. Suena muy intenso, pero es así. En mis peores momentos es lo único que me sostiene, lo único que me parece mágico de verdad. Es de las pocas cosas que me hace pensar “vale, me quedo aquí porque existe esto”. Y no es una idea teórica, es algo muy real, muy físico. Es ese tipo de éxtasis que te atraviesa el cuerpo. Y creo que la música tiene eso que no tienen tantas otras cosas: que te puede llevar a estados muy extremos sin necesitar nada más. Es simplemente eso. Y por eso es tan importante para mí: porque es la forma más directa y más fuerte que tengo de sentir y de conectar con la vida.