Carta abierta de Martina Liendo: Quiero que el lugar en el que vivo sea igual al que me imagino

6/22/2026

Carta abierta de Martina Liendo: Quiero que el lugar en el que vivo sea igual al que me imagino

Texto: Martina Liendo

Especial Orgullo 2026

Quiero que el lugar en el que vivo sea igual al que me imagino.

Pienso en lo que somos cuando existimos. Todos somos muy importantes en el mundo en el que vivimos. Un ideal: repetir constantemente lo que en algún momento nos dio seguridad. Pero por razones un poco obvias tenemos una especie de adicción al caos; preferimos vivir mareados y lo confundimos con la necesidad de cambiarlo todo para sentir que nos encontramos.

Siento que no hablamos tanto del trabajo que conlleva vivir incesantemente entre la nostalgia y el deseo. El anhelo de convertirnos en lo que queremos.

Somos los que venimos de las primeras familias de padres adolescentes y separados; los primeros a los que no solo nos enseñaron a ser libres, sino que también nos dieron las herramientas para serlo. Somos los primeros que viajamos lejos y elegimos quedarnos y ver desde la distancia cómo las cosas cambian. Somos las primeras personas de nuestra familia, y seguramente también de nuestro barrio e incluso de nuestro colegio, en darle un beso a la chica que nos gustaba de la escuela de danza, y los primeros en animarnos a dejar de hablar con personas que nos hicieron mal.

Vivimos en una línea de tiempo que no es lineal: son tres líneas del tiempo que ocurren todas juntas y a la vez. Construyendo nuestro futuro, mientras disfrutamos el presente y procesamos el pasado.

Tenemos la capacidad, la suerte y las herramientas de pensar en algo y que se vuelva verdad, y eso empieza a convertirse en una necesidad. Nunca nada es suficiente, porque sabemos que, aunque exista el miedo y las limitaciones, tenemos acceso a algo más grande: a algo que nos permite que lo que deseamos se convierta en la realidad que habitamos.

Quiero quedarme en lo que en algún momento nos hizo sentir a salvo. Romper con el dilema de que todo tiene que ser una cosa y, si no lo es, entonces tiene que ser otra. Quiero que todo conviva y que lo que alguna vez inventé permanezca. ¿Cómo hago para que lo que construí perdure en el tiempo? Me incomoda la facilidad con la que todo se tiene que ordenar para que los demás entiendan lo que quisimos decir con lo que hicimos y con lo que fuimos. Que lo que es, además de ser, tenga que representar exactamente lo que significa. Creo que el fundamentalismo de las elecciones anula la sorpresa y el entusiasmo, y termina por desgastar las emociones. Es un juego para mí: intentar estar acorde a nuestro deseo, marearme con el tiempo.

Aprendemos que la soledad y la individualidad son más fáciles para que nada pueda lastimarnos, para no exponernos al daño. Siento muchas cosas adentro; no las digo, pero sí las siento. Quiero tener un espacio en el que conviva todo lo que me pasa por la cabeza cuando me siento cerca de lo que me hace bien.

Nos impulsamos a ocupar espacios desde la celebración como forma de rebelión. Esto surgió hace años en contextos socio-políticos muy similares a los que atravesamos hoy. Creo que muchas veces no se tiene en cuenta que hay una gran parte del espectro disidente que elige mantenerse lejos, ocupar espacios desde la sombra. ¿Qué de mí es real y qué de mí es solo performance? No porque la performance sea menos real; de hecho, para mí es lo más importante: la forma en la que nos exponemos al mundo.

Pensar la performance no desde el resultado o el objetivo final - el espectáculo -, sino desde cómo se genera lo que promulgamos. ¿De dónde surge lo que me compone? Muchas veces sentimos que todo lo que hacemos surge de dentro en relación con el contexto. Pero qué tal si nos concentramos en un tercer factor: el inconsciente colectivo que nos lleva todo el tiempo a querer llenar un vacío que siento que es solo mío. ¿Soy por lo que me pasó? Ser rebelde no es solamente celebrar, ser disruptivo, imponer la voz o generar comunidad. También es una forma de ver las cosas: algo que nace de lo que soy más allá del trauma y el dolor, de la celebración y la satisfacción. La celebración busca romper con lo que ya existe: la soledad y la distancia. Me gusta pensar que esa no es la única manera de confrontar lo que todo el tiempo nos hicieron creer que es real. Ocupar espacios en los que se genere intimidad.

Es inevitable que haya espacios que mercantilicen lo que surge del deseo de romper con lo que nos limita. Y ahí las cosas se vuelven solo performance. Pero, a la vez, quedarse solo en la sombra tampoco trae satisfacción: la necesidad de cumplir algo, tener un objetivo, sentirse realizado, querer alcanzar algo más. La hiperproductividad y la hiperconectividad. Ojalá pudiera quedarme totalmente quieta y sentirme completo. Pero no soy tan rebelde como creo.

Nunca nada es suficiente. La primera frustración de nuestras vidas: pedirle a personas que no entienden ni registran sus propias emociones que entiendan y validen las nuestras. Crecer en un mundo que no entiende tu manera de verlo, por ser la primera generación que vio cambiar todo: la forma en que habitamos el espacio y cómo nos comportamos. Hacerse fuerte siendo muy frágil, alejarse y mantenerse distante.

Hay cosas que llevan tiempo, como respirar desde adentro y entender el contexto. El deseo de ser alguien, la necesidad de convertir lo que me duele en algo que me acerque a lo que anhelo. Y es que tengo un deseo constante: quiero que el lugar en el que vivo sea igual al que me imagino.

Editado en España