Anna Ferrer y el arte de transformar la herencia en sonido
Anna Ferrer y el arte de transformar la herencia en sonido


La música de raiz y los oficios tradicionales suelen verse como algo muy conservador. Al meteres electronica y sonidos industriales. como cambia el mensaje original de esas canciones?
Creo que igual lo interesante aquí es empezar a integrar que no hace falta meterles electrónica para que su mensaje se actualice. Entender que en la raíz está aquello atermporal que nos une como humanidad y a lo largo del tiempo y que apelar a eso, nunca va a ser conservador ni puede pasar de moda. También ver la propuesta de juego que nos hace la música tradicional, que en realidad tiene algo muy actual de contar aquello que sucede y hacerlo en formato verso, nada distinto al rap por ejemplo.
Anna Ferrer es cantante, compositora e investigadora sonora. La artista menorquina lleva años explorando la música de raíz desde un lugar muy propio, mezclando tradición, electrónica y experimentación sin entenderlas como mundos separados.
En PA, su cuarto disco, parte del oficio panadero que ha acompañado a su familia durante generaciones para construir uno de sus trabajos más personales hasta la fecha. El obrador, las máquinas, los utensilios, los ritmos del trabajo y los sonidos cotidianos se convierten aquí en el punto de partida para hablar de la herencia, la memoria y de todo aquello que decidimos conservar, transformar o dejar atrás.
En esta conversación hablamos sobre la vigencia de la música tradicional en un mundo hiperconectado, la dificultad de representar un territorio sin convertirlo en un decorado, la transmisión de los oficios familiares, la lentitud como forma de resistencia y el valor de seguir cantando en comunidad en una época marcada por el individualismo.
Medios como Pitchfork a veces buscan una "autenticidad" muy idílica en el folclore local. ¿Cómo equilibras mantener los pies en Menorca con las exigencias de un mercado global que
Uau, que pregunta tan bien formulada. Gracias por darle presencia a eso. Es un momento delicadisimo en ese sentido. Cuesta mucho saber cuánto quieres mostrar de lo auténtico porque puede ser convertido en tendencia y eso ya lo mata y lo arranca de su lugar de orígen. Creo que aquí el trabajo es de alquímia y sensibilidad, con muchas contradicciones y mucho debate. Estar en contacto con el territorio, sus problemáticas y medir desde el corazón que puede ser "exportado" para hablar del territorio sin romantizar, folklorizar, ni mercantilizar, pero sí queriendo representarlo en el mundo para darle voz. Me siento tratando de aprender cómo ocupar ese lugar, aún.
Deiar atrás un oficio familiar de cuatro generaciones es romper con un mandato importante. Al subir a tu padre al escenano en PA, que pasa con esa herencia? Como se vive ese encuentro en directo?
Subir al panadero al escenario es de alguna forma hacer justicia, porque un panadero merece que le aplaudan. Mi objetivo era cerrar el círculo agradeciéndole porque yo empecé con la música porque mi padre estaba vinculado a una asociación cultural cuando yo era muy pequeña, y por todo lo que me ha dado a través del pan y su filosofia; también me parecía que era importante horizontalizar arte y oficio, desjerarquizarlo, poniéndolos en el mismo lugar. Ese encuentro en directo tiene tanto sentido! Es fuerte atravesarlo también.
En PA usas la madera de la guitarra o el raspado de la eléctrica para recrear los ruidos de una panadería. ¿Cómo fue el proceso técnico para levar los sonidos de un obrador real a la música sin caer en los cliches del folk electrónico?
La primera fase de todas fue ir al obrador y craer una biblioteca de sonidos de las máquinas, y los gestos manuales para entenderles, integrar algunos directamente en el disco y aprender de otros para tocar como si fueramos ellos o para hacerles presentes en la interpretación del directo, en la que no se utilizan samplers. Justamente para mí era super importante no entrar en el recurso del folk electrónico, y creo que mantenernos en un código de lo documental fue la clave; integrar esos sonidos crudos, directos de la grabadora sin procesamiento, no alterándolos a penas ni por el patrón rítmico, ni por equalización.


Has trabajado con Niño de Elche en la dirección artística de tus últimos proyectos. ¿Cómo os repartis el territorio creativo? ¿Dónde termina tu composición y dónde empieza su visión para el directo?
El Niño de Elche me acompañó en el directo y el disco de Parenostic, mi último trabajo. En el caso de PA, me acompañó Ernesto Artillo en la dirección artística y Alex Hernández en la músical. Cuesta dibujar unos límites. Creo que cuando escoges a un productor o director, estás escogiendo con quién quieres discutir, en tanto que te interesa tanto su visión que quieres incluso escucharla cuando sea distinta a la tuya. Y también escoges a alguien que, al tenerle delante, saca una voz tuya que te parece más interesante que otra, jaja. La idea inicial es mía en ambos casos y la composición también, pero cuesta mucho definir a partir de cuándo el animalito ya es fruto de la conversación con el otro. También empiezo a estar bastante desinteresada en el concepto de la autoría, en general. Como que siento que incluso aquello que sentimos propio es también fruto de unas influencias que nos han precedido.
En 'Yeri yeri' rescatas un canto de trabajo armenio sobre hacer el pan en comunidad. En una cultura actual tan centrada en el individualismo, ¿qué valor tiene hoy volver a cantar a lo comunitario y a lo compartido?
Considero que cantar en comunidad es una de las herramientas más potentes y revolucionarias. Es gratis, jaja, solo suma, y nos conecta con aquello que para mí es la base de la esperanza: volver a sentirnos parte de un común. Creo que cantar en grupo, así como bailar, nos recuerda cuál es el espacio justo que nos pertenece, ni más ni menos; para que un canto colectivo funcione se necesita equilibrio de todas sus partes, y cuando eso se consigue, uno conecta con una fe en la humanidad desde la cual, hacer el mal, es muy difícil. Si todos cantaramos en grupo, probablemente el mundo funcionaría mejor.
El concepto de PA reivindica la calma, el reposo y los tiempos del obrador. ¿Cómo se defende esa lentitud artesanal dentro de una industria musical que hoy te exige sacar canciones constantemente?
La verdad que es gracioso porque el pan contiene esa filosofía de los tiempos lentos y la contemplación, pero la realidad en un obrador es otra y eso es muy parecido a la dualidad entre lo que pide la música en su creación y lo que la indústria luego exige. Vamos sorteando como podemos eso, para tratar de estar lo más presentes posibles en cada momento y ofrecer esa dedicación que puede contener lentitud y contemplación, pero no es sencillo en esta sociedad actual. Aprender del pan y la música para tratar de llevar una vida un poco más cuidadosa con uno mismo y con el entorno, eso sí.
